Augusto Pinochet ya es ceniza. Pero su nieto, el capitán Augusto III, decidió tomar el puesto del abuelo y blandir el sable, para regocijo de una dinastía que está en apuros. Su cerrada defensa de la dictadura, en las exequias del general golpista, resonaba ayer en Chile con la fuerza de un desafío político. Hasta tal punto, que la presidenta del país, Michelle Bachelet, la calificó de "falta gravísima" y reclamó que Augusto III fuera sancionado, lo que ocurrió anoche. El Ejército resolvió darle de baja de la institución por pronunciar sin autorización un discurso político en el que hizo apología de la dictadura. El comandante en jefe del Ejército, el general Óscar Izurieta, solicitó a Bachelet la tramitación de la baja, cosa que esta aprobó de inmediato, según fuentes militares.

"El golpe de Augusto III", dijo el diario La Nación sobre el discurso de Pinochet Molina. El capitán, de 33 años, dijo en la ceremonia, frente a la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot, y el jefe del Ejército, Óscar Izurieta, que su abuelo "derrotó en plena guerra fría al modelo marxista" y, en su vejez, era hostigado por "jueces que buscan figuración".

"ACTO INADMISIBLE" Para Izurieta, el arrebato del oficial fue un hecho "inadmisible" y no representa "en nada el sentir del Ejército ni de sus integrantes". Más molesta se vio ayer a Bachelet. "Chile tiene la Constitución, las leyes, y la institución (el Ejército) tiene sus reglamentos para tomar la decisión que corresponde de acuerdo con la falta cometida por el oficial", dijo la presidenta chilena.

El capitán es hijo de Augusto Pinochet Hiriart, el hijo mayor del clan, que alguna vez probó suerte en el Ejército y está procesado por fraude al fisco y tenencia de un automóvil robado. A principios de los 90, cuando la democracia todavía no terminaba de asentarse, Augusto II estuvo involucrado en una más que dudosa operación de venta de armas conocida como los pinocheques. Pero en esos momentos su padre seguía siendo el comandante en jefe del Ejército y la causa contra su hijo se archivó.

En el Gobierno de Bachelet opinan que el papel del nieto de Pinochet en las exequias fue un acto meditado, como si se quisiera fabricar un nuevo líder. Por lo pronto, su tío Marco Antonio ya denunció que la sanción es otra forma de "persecución" a su familia.

DESDE EL OTRO BANDO En las horas en que Augusto III estudiaba su arenga --la madrugada del martes-- otro nieto hacía su irrupción en la Escuela Militar: Francisco Cuadrado Prats. Su abuelo había sido jefe del Ejército hasta agosto de 1973. Y había sido leal a Salvador Allende y a las instituciones republicanas. Tuvo que renunciar después de una conjura interna. Lo reemplazó Pinochet, quien se hacía pasar por uno de los suyos. Pinochet, que encabezaría unas semanas más tarde el golpe, ordenó asesinarlo. El atentado de los servicios de la dictadura se perpetró en Buenos Aires. Una bomba mató al general Prats y su esposa, al poner en marcha su coche.

Y su nieto, hijo de Sofía Prats y artista plástico, nunca olvidó. Para recordar quién era, llegó hasta la Escuela Militar como uno más. Hizo más de tres horas de cola hasta entrar en la capilla ardiente. Al pararse frente al ataúd de Pinochet, lo miró fijamente. Luego escupió.

El salivazo quedó incrustado en el vidrio que protegía al cadáver y un grupo de dolientes se lanzó contra el autor. La policía lo sacó del lugar mientras se limpiaba con un pañuelo el féretro. "Era una cuenta pendiente. Le escupí como acto de desprecio porque asesinó a mis abuelos y también porque me chocó ver todos los honores recargados que recibió de parte del Ejército", dijo. Mientras, Bachelet afirmó que Pinochet fue "un referente de divisiones, odio y violencia", y descartó que tras su deceso comience otra etapa en Chile. "La nueva etapa que vivió el país empezó en 1990 cuando conquistamos la democracia y se inició un proceso de reencuentro", dijo.