En una revolución no es fácil evitar que el odio largamente acumulado se desborde, pero a eso se aplicaba ayer el presidente del Consejo Nacional de Transición (CNT) libio, Mustafá Abdeljalil, quien se desmarcó a través de Al Jazira de los "actos de venganza" de sus huestes en la toma de Trípoli hasta el extremo de amenazar con que podrían llevarle a dimitir. "Me opongo firmemente a toda ejecución extrajudicial. Espero que nuestros revolucionarios estén a la altura de sus responsabilidades", proclamó Abdeljalil, quien también expresó su deseo de que Muamar Gadafi "sea capturado vivo para que pueda tener un juicio justo".

Y es que tampoco es fácil de gestionar el destino de los vencidos. Un portavoz del CNT, el órgano político de la revolución, declaró asimismo a la televisión catarí que Seif el Islam Gadafi, hijo predilecto del líder libio y quizá la pieza más codiciada cobrada por los revolucionarios, "no será entregado al Tribunal Penal Internacional y será procesado por la justicia libia". El Tribunal de La Haya acusa al hijo de Gadafi de crímenes contra la humanidad y lo tiene en busca y captura, pero en estos casos solo puede actuar si la justicia del país implicado no lo hace.

CLAMOR Mientras, arreciaban tanto el frenesí diplomático como el clamor internacional para que Gadafi tire la toalla y evite en lo posible que corra más sangre. El mundo ha dado por condenado al régimen desde el mismo momento de la entrada de los rebeldes en la capital y se prepara para afrontar las incertidumbres del posgadafismo. De ahí el goteo de reconocimientos del CNT como Gobierno libio legítimo, en especial entre los países árabes, mientras la ONU, la Unión Europea (UE), la Unión Africana (UA) y el grupo de contacto --en el que están representados una treintena de países-- convocaban cumbres para los próximos días.