El 17 de febrero del 2008 el Parlamento de Kosovo proclamaba unilateralmente su independencia de Serbia. Ayer, su presidente, Isa Mustafá, estampaba su firma en el acuerdo de asociación y estabilización con la Unión Europea (UE). Un pacto que acerca a este pequeño país de los Balcanes, enclavado entre Albania, Montenegro, la exrepública yugoslava de Macedonia y Serbia, y que abre una nueva línea que podría llevar algún día a su adhesión a la UE.

"Es un proceso de refuerzo de la democracia, del estado de derecho, de integración económica, de reformas que tenemos que tomar y del camino hacia nuestra pertenencia a la UE. Haremos todo lo posible para justificar este importante paso que estamos dando", prometió ayer el presidente kosovar durante una pequeña ceremonia celebrada en Estrasburgo en la que participó la vicepresidenta de la Comisión, Federica Mogherini.

Kosovo era hasta ahora era el único país de los Balcanes que no había firmado este pacto, que es visto como el primer paso para cualquier país tercero que tenga aspiraciones de integrar algún día el club comunitario. Las negociaciones, iniciadas en octubre del 2013, concluyeron en julio del año pasado pero han estado plagadas de altibajos desde que arrancaron. Por las discrepancias con Serbia, que se niega a reconocer la existencia de Kosovo, pero también por las trabas de los estados miembros que siete años después no reconocen su existencia. Es el caso de España, pero también de Rumanía, Chipre, Grecia o Eslovaquia.

Pese a las reticencias aceptaron que Bruselas comenzara a negociar y el pasado jueves, tras un proceso que ha durado casi dos años, daban luz verde a la firma del acuerdo. "Abre una nueva fase en las relaciones entre la UE y Kosovo. Representa una importante contribución a la estabilidad y prosperidad en Kosovo y en toda la región", valoró ayer Mogherini.