Defensa y diplomacia
El nuevo desorden mundial resucita entre altos militares españoles la previsión de la guerra perpetua
Con una ONU inoperante y la generalización de las tácticas híbridas, analistas del Ejército aventuran alerta e inestabilidad permanentes

Soldados ucranianos manejan drones en el campo de maniobras deel Ejército en Sant Climent Sescebes (Girona) en marzo pasado. / Ferran Nadeu

“Antes en el patio de la escuela había un profesor vigilando, Estados Unidos. Ese maestro premiaba al niño gordo y abusón y castigaba al pequeño, bueno y con gafas… Era injusto, era arbitrario, pero ponía orden si había pelea. Ahora estamos en un patio sin maestro, con todos los niños correteando de un lado a otro, y los gordos y fuertes asustando y atacando a los pequeños con gafas”. Con esa metáfora colegial, un general del Ejército de Tierra con destino en uno de los órganos centrales de las Fuerzas Armadas, trata de explicar que “el mundo ha evolucionado a una situación de inestabilidad, de la que los casos de Ucrania y Gaza son solo el comienzo”.
En parte secunda este general una pesimista teoría que los diplomáticos, militares, periodistas y alumnos de las escuelas de relaciones internacionales ven instalarse en el panorama de discusión estratégica: la de la humanidad entrando en un estado de guerra perpetua más o menos intensa, con la ONU inoperante y la generalización de la guerra híbrida.
Antes del paréntesis estival, en su última intervención pública, el jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), almirante Teodoro Esteban López Calderón, lo verbalizó ante los asistentes a un desayuno del Foro Nueva Economía: “Tendremos que afrontar en el futuro un conflicto casi permanente en una zona gris que se verá salpicada de confrontaciones directas e indirectas”.
La guerra de mañana, hoy
Menudean por Europa los llamamientos a la sociedad -el último, del presidente francés Emmanuel Macron- para que se prepare ante la eventualidad de próximos conflictos bélicos. El JEMAD también advirtió en esa cita de junio en Madrid de que “el campo de batalla hoy no tiene límites, no hay una retaguardia fuera del alcance de las armas en la cual podamos vivir tranquilos: en caso de un conflicto, estaríamos a distancia de enfrentamiento”.
Rusia y la invadida Ucrania han traído al presente la guerra del futuro. Según López Calderón, las características del llamado "nuevo entorno operativo" son: transparencia del campo de batalla gracias a los drones espía; exigencia de toma de decisiones muy rápida, con inteligencia artificial; digitalización, robotización y privatización de la guerra; exigencia de fuego de precisión a largo alcance; necesidad de defensa contra vehículos no tripulados; un deteriorado entorno electromagnético como campo de batalla específico; el dominio cognitivo, o sea, la mente humana, como otro escenario de enfrentamiento... y una nueva ley inexorable para buques, camiones, carros de combate, cazas, helicópteros...: “Toda plataforma es susceptible de ser observada, adquirida y batida”, dijo el almirante.

Marinos chinos en el desfile en Pekín del pasado 3 de septiembre. / Wan Xiang Europa Press/Contacto
Es la previsión de un estado de guerra perpetua, intensidad variable, ciberataques, campañas de desestabilización, quizá la vuelta del terrorismo financiado por terceros… “Yo la llamaría ‘inestabilidad constante’ -matiza el general mencionado al comienzo-. Guerra es un concepto jurídicamente complejo. Es posible que guerras-guerras veamos pocas, lo que veremos es una sucesión continuada de hostilidades”.
Esta previsión ies factible si no se da un escenario de una mayor intensidad, o sea, “salvo si Putin se sale con la suya en Ucrania y coloca al mundo en una vuelta a la casilla de antes de la fundación de Naciones Unidas”.
Nueva guerra fría
La inestabilidad constante de hoy recuerda a la constante inestabilidad de antes, la de los 70, con EEUU sufragando muyahidines en Afganistán y la URSS a las bandas terroristas de Europa. Recuerda el general una frase de Mark Twain: "La historia no se repite, pero rima". El nuevo concepto de guerra perpetua “viene en realidad de la Guerra Fría, que fue de hecho una situación permanente de preguerra -razona un coronel analista con despacho en el Ministerio de Defensa-. Entonces la posibilidad de influir sobre la población adversaria era limitada. Aun así se intentaba, y fue la época dorada del espionaje, la propaganda y el sabotaje. Pero su impacto era limitado. Ahora, es más fácil lanzar campañas de desinformación o ciberataques que afectan a millones de personas”.
"Habrá que reforzar la resiliencia, que al final es reforzar la valoración del ciudadano sobre sus instituciones y el sistema en el que vive. Que crea que vale la pena luchar por él, vamos”, propone un coronel experto en conflictos
Siempre ha habido espionaje y desinformación, pero ahora “el ciberespacio es una vía siempre abierta a ataques de gran repercusión”. También un campo menos controlable: “Es más fácil que los Estados lleguen a acuerdos de no agresión” que prevenir y detener ciberataques “de delincuentes o grupos marginales”, explica.
Más que guerra perpetua, este experto prevé una situación de "alerta permanente" que obligará a implicarse todos los elementos del Estado y a la población. “También habrá que reforzar la resiliencia, que al final es reforzar la valoración del ciudadano sobre sus instituciones y el sistema en el que vive. Que crea que vale la pena luchar por él, vamos”.
Keep calm... or not
El coronel analista ve un riesgo en esta tensión anticipatoria: el exceso. Lo que viene “no tiene por qué ser una situación de guerra permanente con una población obsesionada por su seguridad. Esa cultura del miedo no traería nada bueno”, repone.
Tras el fracaso de Fukuyama y su fin de la historia llega a los carteles el fin de la paz sostenida, al menos como previsión. La discusión se libra, básicamente, entre las teorías de dos autores con los que los militares y diplomáticos se encuentran en cursos y seminarios. El crudo realismo de John Mearsheimer, ensayista de cabecera en West Point, según el cual cada Estado mira por sí mismo y nada más, y el constructivismo optimista de Alexander Wendt, que cree en los valores de cooperación fundadores del Derecho Internacional.

Multitudinario entierro en Kiev iel 2 de septiembre de una joven madre y su hija alcanzadas por un dron ruso. / Sergey Dolzhenko EFE
Desde su retiro dedicado a la reflexión y la didáctica de la cultura de defensa, el almirante Juan Rodríguez Garat advierte de que “el enfrentamiento de intensidad variable pero permanente no es nuevo en nuestra especie; basta recordar la Guerra de los Cien Años o la Guerra Fría. Lo que sí ocurre es que la tecnología reduce la factura política del enfrentamiento y facilita la explotación de la propaganda”. O sea: “Veremos cada vez más episodios de guerra híbrida”.
Alude a un amplísimo catálogo de incidentes, desde ciberatentados de difícil atribución -en las repúblicas bálticas, por ejemplo- a la instrumentalización de masas de migrantes -sobre Ceuta, Polonia, Grecia...- el bombardeo de bulos en toda Europa en plena pandemia.
No obstante, “la guerra híbrida preocupa más a los geoestrategas que a los militares. En la revolución tecnológica actual nos preocupan mucho más los drones y los misiles balísticos que los ciberataques”, explica el almirante y ensayista, que fue jefe de la Flota y mandó despliegues navales de la OTAN.
Hay una razón de costes que promueve la previsión del conflicto solapado permanente: “La ciberguerra y la desinformación son técnicas relativamente baratas. Seguramente más que los servicios de espionaje del pasado”, concluye Rodríguez Garat.
Puede que sea una de las razones por las que en el Estado Mayor de la Defensa piensen en una resistencia basada en el multidomino, lo que el el JEMAD tiene definido como “prioridad en la preparación de todos los ámbitos de la sociedad para la resiliencia”.
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