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ENTREVISTA

Gideon Levy, periodista israelí: “El caso de la ‘cámara de Hamás’ es un ejemplo de cómo funciona la propaganda de Israel”

El periodista del diario israelí liberal Haaretz explica cómo funciona la propaganda gubernamental o Hasbará israelí.

Gideon Levy.

Gideon Levy.

Mario Saavedra

Mario Saavedra

Madrid

El histórico periodista israelí Gideon Levy (Tel Aviv, 1953) lleva décadas cubriendo el conflicto para el diario más antiguo del país, Haaretz. Descendiente de supervivientes del Holocausto, Levy ha criticado durante décadas la ocupación de israelí de los territorios palestinos, que ha visitado para sus informaciones con frecuencia. Ahora se ha convertido en una de las principales voces del país contra la masacre de Gaza. Ha visitado esos territorios constantemente para elaborar sus informaciones y columnas de opinión, algo poco frecuente para los periodistas hebreos. Habla por videoconferencia con EL PERIÓDICO sobre de diplomacia pública o propaganda del Gobierno y del Ejército de Israel, también conocida como la Hasbará.

¿Cómo definiría la Hasbará? El significado literal en hebreo es “explicación”, pero es un sustituto del término propaganda, que tiene connotaciones negativas. 

¿Se usa el término dentro de Israel o es más bien académico? No se usa en Israel. Hasbará es un término que se usa hacia el mundo. 

¿Me podría poner un ejemplo de Hasbará? Creo que el reciente caso de la “cámara de Hamás” es uno de los mejores, porque muestra cómo de creativa es. 

Se refiere a las explicaciones del ejército sobre el asesinato de cinco periodistas, de Reuters, AP y otros medios, en el hospital Nasser: primero Benjamín Netanyahu lo calificó de desgraciado error, pero luego una “investigación” interna concluyó que dispararon porque había “una cámara de Hamás”, algo que una investigación posterior del diario estadounidense NYT ha desacreditado… Como si el que hubiera una cámara les diera legitimidad para disparar y matar a 21 personas. Ahí se ve lo absurdo de su funcionamiento. Es un no parar. Lo más destacado del sistema es que nunca se asume la responsabilidad, nunca se muestra arrepentimiento, nunca se muestran emociones humanas, incluso cuando los muertos son niños. 

¿Por qué se toman tantas molestias en dar esas versiones que pocos creen, entonces? ¿Es para consumo de los fieles en Estados Unidos o Alemania? Los israelíes también están ávidos de consumir todas esas mentiras. Es más cómodo comprar esas falsedades que saber que nuestro propio ejército está masacrando periodistas: más de 200 ya. 

¿Cómo funciona la Hasbará? El patrón es siempre el mismo. Recordemos el caso de la periodista palestino-estadounidense de Al Jazeera Shireen Abu Akleh [asesinada por el ejército israelí en 2022]. La mataron de forma deliberada. Sabían perfectamente que era periodista porque llevaba el chaleco con la palabra prensa. Primero dicen siempre “no hemos sido nosotros” y “quizá fueron disparos palestinos”. Luego, los medios internacionales encuentran pruebas de que fue el Ejército israelí. Como no saben qué decir, empiezan a hablar de que el cámara era de Hamás, o cualquier otra cosa. Lo que nunca hacen es pedir perdón ni castigar a los responsables o compensar a las víctimas. 

De estos dos años de guerra, o genocidio, en Gaza, ¿cuál ha sido para usted el caso más palmario de propaganda gubernamental? Es difícil de responder, porque es una competición muy reñida. Todos los días, el Ejército dispara a gente que está esperando a recibir comida. Se ha convertido en un asesinato sistemático en masa con docenas de muertos todos los días. Esto ha sido una noticia importante fuera de Israel, pero no aquí. 

Ha mencionado que el objetivo de esos elementos de propaganda es en parte interno. ¿Para qué le sirve a Israel fuera de sus fronteras? Usan la maquinaria propagandística de las embajadas, los lobbies judíos en Europa y Estados Unidos y a los falsos “amigos de Israel”, (que en realidad son enemigos porque empeoran nuestra situación) como los evangelistas en Estados Unidos. Todos compran la mentira y la distribuyen. 

El lobby israelí en Estados Unidos se ha quejado de que tienen “un problema con Tik Tok”, que muestra sin censura imágenes de Gaza y está haciendo que los jóvenes estadounidenses sean más propalestinos… No soy un experto, pero sé que [la Hasbará] es muy activa en redes sociales y el Gobierno gasta mucho dinero en ello. Son expertos. 

Usted y yo hablamos a principio de la guerra y me dijo que en Israel no se veían siquiera en los medios las atrocidades en Gaza. ¿Sigue siendo así? Incluso peor. Es increíble. La historia de los periodistas del hospital Nasser sí que se mencionó, pero enmarcada en el relato de la propaganda. Los periodistas son totalmente pasivos, no por presión del Gobierno, sino porque saben qué es lo que los israelíes quieren ver y leer. Temen enfadar a la gente. Ahora, por ejemplo, se debate sobre la hambruna de Gaza… pero para decir que no existe, que son fake news o imágenes generadas por Inteligencia Artificial. 

La sociedad civil israelí solía ser fuerte y había un panorama mediático libre. Hay organizaciones muy críticas, como B’tselem o Breaking the Silence. ¿Qué ha pasado? Hay aún protestas, no hay pasividad. Pero se centran sobre todo en la liberación de los rehenes, no tanto en el genocidio. El informe de B’selem y de Médicos por los Derechos humanos en el que concluían que Israel perpetraba un genocidio en Gaza fue noticia en todo el mundo, pero aquí ni se mencionó. Simplemente lo ignoraron. 

Haaretz está en el punto de mira del Gobierno de Benjamín Netanyahu. ¿Cómo les va? Es duro. No conozco las cifras porque no estoy en la dirección, pero la atmósfera es de dificultad. El Gobierno ha suspendido la publicidad y las suscripciones oficiales. 

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