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Las protestas juveniles en Senegal reactivan la posibilidad de un nuevo repunte migratorio

El impago de becas universitarias enciende las protestas estudiantiles en el país africano que se consolida como uno de los principales países emisores de cayucos

Estudiantes de Senegal con sus maletas tras abandonar la universidad debido a las protestas.

Estudiantes de Senegal con sus maletas tras abandonar la universidad debido a las protestas. / Sylvain Cherkaoui

Las Palmas de Gran Canaria

Senegal se enfrenta a una nueva oleada de protestas. Desde hace días, el país registra numerosas manifestaciones protagonizadas por jóvenes, especialmente estudiantes universitarios, que recuerdan a las movilizaciones de 2024. Un contexto de inestabilidad que entonces coincidió con un notable repunte de la salida de cayucos y pateras con destino a Europa, con Canarias como principal puerta de entrada. Aquel año, el Archipiélago marcó un récord histórico al superar todas las cifras registradas hasta la fecha: 46.375 personas llegaron a las costas canarias, de las cuales 6.274 eran menores no acompañados. Ahora, el resurgir de las protestas amenaza con reactivar el flujo migratorio hacia las Islas, que cerraron 2025 con un balance positivo al registrar un descenso del 60% en la llegada de embarcaciones.

La falta de empleo, la crisis del sector pesquero y la creciente inestabilidad social impulsaron salidas continuas, marcadas por naufragios de carácter trágico. Los datos de 2024 evidencian la estrecha relación entre la situación interna de Senegal y el aumento de llegadas a Islas Canarias. Ese año, el 38,5% de los menores acogidos en los centros de protección del Archipiélago procedían de Senegal, que se consolidó como el principal país emisor de migrantes hacia las Islas.

Fue el aplazamiento de las elecciones presidenciales y el encarcelamiento del líder Bassirou Diomaye Faye - actual presidente del país - lo que desató entonces la indignación de la población —en su mayoría jóvenes—, que reclamaba un cambio de Gobierno que finalmente se produjo. Años después, el Ejecutivo en el que muchos jóvenes depositaron su confianza como vía para resolver sus problemas parece no haber cumplido sus expectativas, lo que ha reactivado el malestar ciudadano y devuelto a las calles la protesta social.

En 2019, antes de que estallara la oleada de protestas en Dakar, Cheikh Sene salió de Senegal en cayuco impulsado, entre otros motivos, por la falta de oportunidades. Estudiaba idiomas en la universidad y, antes de llegar a España en 2023, pasó una etapa en Marruecos. "La situación era muy mala para los jóvenes y por eso queríamos un cambio de Gobierno", explica. Ya instalado en España, percibe las diferencias con mayor claridad: "Aquí puedo trabajar y ganar un buen sueldo, algo que en Senegal los jóvenes no pueden hacer".

Las protestas

Las protestas se concentran principalmente en la Universidad Cheikh Anta Diop (UCAD), ubicada en Dakar, una de las mayores universidades de África occidental, que acoge a decenas de miles de estudiantes. El alumnado se moviliza ante el impago de sus becas, unos recursos esenciales para poder vivir y continuar sus estudios, ya que en muchos casos constituyen su principal —y a veces única— fuente de ingresos. Los retrasos en los pagos alcanzan, en algunas situaciones, hasta un año, y mientras el malestar juvenil no deja de crecer, la promesa de cambio impulsada por el Gobierno de Bassirou Diomaye Faye comienza a diluirse entre la frustración y la incertidumbre.

"El discurso del presidente ponía a los jóvenes en el centro; hablaba de que teníamos que sacar el país adelante y de que así podríamos salir de la miseria", explica Cheikh. Las expectativas depositadas en el nuevo liderazgo eran muy altas: "Pensábamos que era el cambio que necesitaba el país para mejorar nuestras vidas". Con ese mensaje, se esperaba también que muchos jóvenes descartaran la idea de emprender la ruta canaria —considerada la más mortífera del mundo—. La realidad ha sido distinta. Tras dos años en el poder del presidente Bassirou Diomaye Faye, muchos jóvenes aseguran sentirse decepcionados: "No ven el cambio, sienten que el Gobierno no ha escuchado sus demandas".

Las revueltas han derivado en duros enfrentamientos con la policía. Las autoridades han intentado dispersar a los estudiantes y diversas imágenes difundidas en redes sociales muestran escenas de caos dentro del campus, con edificios en llamas y alumnos saltando por las ventanas para escapar del fuego. Las protestas ya se han cobrado la vida de un estudiante. La muerte de Abdoulaye Ba, alumno de segundo curso de Odontología que presuntamente no participaba de forma directa en las movilizaciones, ha intensificado aún más el malestar juvenil. El Gobierno de Senegal calificó el suceso como una "tragedia".

Las expectativas

Las perspectivas de futuro no resultan alentadoras. El Gobierno de Bassirou Diomaye Faye afronta ahora las consecuencias de la gestión del anterior Ejecutivo de Macky Sall, que ha dejado importantes cargas financieras, entre ellas deudas con empresas del sector extractivo. "¿Cómo se le explica esto a los jóvenes? ¿Que hemos llegado al poder y no hay dinero para cumplir lo prometido?", plantea el politólogo y profesor de la Universidad Pompeu Fabra, Saiba Bayo, quien subraya además que la situación "es muy complicada".

La esperanza del Ejecutivo pasa por alcanzar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que permita recibir una inyección de fondos con la que hacer frente a las deudas ya contraídas. "Lo que estamos viendo con los estudiantes es una señal de lo que puede ocurrir en los próximos meses. Es preocupante y los estudiantes son conscientes de ello", advierte Bayo. Ante un posible repunte de las salidas de embarcaciones desde Senegal, el politólogo se muestra cauto: "Europa tiene hoy una presencia mayor en las costas senegalesas". Sin embargo, alerta de otros riesgos: "Si se impide la salida de cayucos, pueden aumentar los accidentes. Cuando la gente no puede huir, se puede llegar a escenarios de violencia".

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