Relanzamiento de la economía
Bruselas busca fortalecer el frente oriental con apoyo e inversión ante la amenaza de Rusia
Las regiones del este han experimentado un menor crecimiento económico y una disminución de la población como consecuencia directa de la guerra, respecto al resto del bloque

Raffaele Fitto, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea, ofrece una conferencia de prensa tras la reunión del Colegio de Comisarios en la sede de la Comisión Europea en Bruselas (Bélgica), el 18 de febrero de 2026. / OLIVIER HOSLET / EFE
La frontera terrestre de la Unión Europea con Rusia, Bielorrusia y Ucrania se alarga por más de 5.000 kilómetros. "Estas fronteras no son solo nacionales. Son fronteras europeas. Son la frontera oriental de la Unión Europea. Y lo que ocurre allí afecta a toda Europa", ha dicho Raffaele Fitto, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea para la política de Cohesión, que ha presentado este miércoles una estrategia centrada en redoblar el apoyo a estas regiones.
La invasión rusa de Ucrania en 2022 cambió la vida para los ciudadanos ucranianos, pero también para miles de europeos que viven en la frontera. Desde Finlandia a Bulgaria, pasando por Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia, Hungría y Rumanía, las regiones orientales del bloque fueron la primera línea de apoyo para los refugiados que huían de los bombardeos del Ejército de Vladímir Putin. También son la primera línea de defensa para la UE.
El conflicto ha tenido un impacto notable en la zona, tanto por motivos de seguridad como por cuestiones económicas y demográficas. Por eso, cuando se cumplen cuatro años del inicio de la guerra, el Ejecutivo comunitario ha presentado una estrategia que aspira a reforzar la seguridad, relanzar la economía y frenar el declive demográfico. Según la Comisión, la población de estas regiones disminuyó de media un 2,6% entre 2016 y 2025, frente a un crecimiento poblacional del 1,2% en el conjunto de la UE.
"Desde el inicio de la guerra de agresión rusa, lugares que antes se construían para la vida cotidiana —para compras transfronterizas y turismo— ahora se utilizan para seguridad", ha explicado Fitto. "Los patrones comerciales han cambiado; el crecimiento se ha desacelerado; la inflación ha aumentado; las presiones de despoblación se han intensificado", ha reconocido el italiano.
En los últimos meses, Fitto ha viajado a la región para conocer de primera mano los retos a los que se enfrentan. Una comunicación que la Comisión quiere institucionalizar. Bruselas ha anunciado además que pondrá en marcha "un diálogo político anual de alto nivel" para continuar el debate sobre qué puede hacer la UE para apoyar la "resiliencia" y el "desarrollo" de las regiones orientales y que se arrancará en una cumbre en Polonia la próxima semana.
Una cuestión de seguridad
Bruselas ha hecho de los países de la región un eje central de su reciente impulso por una política de seguridad y defensa común. De hecho, en los últimos meses ha presentado iniciativas para la vigilancia del flanco oriental, en estrecha colaboración con la OTAN, o la estrategia europea de defensa antidrones, impulsada por estos países.
La Comisión se ha comprometido a seguir reforzando este tipo de políticas y a apoyar a los gobiernos nacionales en sus estrategias de preparación ante posibles emergencias, promoviendo el intercambio de buenas prácticas y la colaboración civil y militar en este ámbito.
Economía de guerra
Según la Comisión, los países del frente oriental han experimentado un crecimiento menor de su economía y una inflación más alta que el resto de países del bloque, como consecuencia de la guerra. "La seguridad y la defensa son una condición previa, pero las regiones también necesitan inversión, servicios, conectividad y perspectivas económicas", ha explicado Fitto.
Bruselas ya dio a los gobiernos en su revisión del presupuesto comunitario el pasado año cierto margen para que usen los fondos de desarrollo regional, incluidas cuestiones relacionadas con la defensa. De hecho, países como Finlandia o Estonia han usado el dinero para mejorar la movilidad militar, Lituania, para proteger infraestructuras críticas, o Letonia para construir refugios de emergencia.
Pero la Comisión quiere ir más allá. Bruselas ha propuesto la creación de un fondo específico en el marco del Banco Europeo de Inversiones, EastInvest, para atraer inversión. "Estas regiones suelen percibirse como de alto riesgo, lo que dificulta la inversión", ha reconocido el vicepresidente.
Por otro lado, el Ejecutivo comunitario es consciente de la importancia de las infraestructuras para mejorar la capacidad productiva de estas regiones y hacer frente a la despoblación. Por eso la Comisión se ha comprometido a contribuir a la mejora de las redes de transporte, energía —acelerando la integración de los sistemas eléctricos de los países bálticos con las redes europeas— y telecomunicaciones, así como los servicios de educación o sanidad en la zona.
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