Fragilidad peligrosa
La coalición de CDU y SPD en Alemania cumple un año agrietada y con la ultraderecha pujando por el poder
El país baraja fórmulas para sacar del atolladero a una alianza de gobierno erosionada y en pleno auge del radicalismo derechista

El viceanciller y ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, y el canciller alemán, Friedrich Merz, durante una reunión en la cancillería. / CLEMENS BILAN / EFE

Alemania es país con amplio rodaje en cuanto a crisis de coaliciones. Ningún canciller federal ha gobernado en solitario desde tiempos fundacionales y la armonía entre socios ha sido más bien la excepción. Pero el precedente inmediato de la coalición del socialdemócrata Olaf Scholz con verdes y liberales, que se hundió sin haber cumplido los tres años, hace que en Alemania surja la pregunta de hasta cuándo aguantará la que ahora lidera el conservador Friedrich Merz.
Apenas un 15% de la población valora positivamente la gestión del canciller alemán, lo que le sitúa en un récord histórico a la baja, peor incluso que Scholz al final de su corta legislatura. La situación, en caso de nuevas elecciones generales, coloca ante un abismo tanto a los partidos establecidos como al conjunto de Europa. A la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) le pronostican los sondeos casi el 27% en intención de voto, tres puntos por encima del bloque conservador de Merz (CDU-CSU). A los socialdemócratas (SPD) del vicecanciller y ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, se les estima un 13%, por detrás de los Verdes y en lucha por el cuarto puesto con La Izquierda. Mantener a la AfD políticamente aislada y lejos del poder seguiría siendo posible, pero ahora la ultraderecha tendría la posición de dominio como primera fuerza del Bundestag (Parlamento federal).
Es esta debilidad lo que aparentemente obliga a la coalición de Merz a seguir adelante. Pero también se recuerda en Alemania que la teoría de que no les queda otro remedio que resistir no preservó de su hundimiento en 2024 a la coalición de Scholz. Ya entonces se sabía que una ruptura solo podía favorecer al entonces opositor Merz. Ello no impidió a los liberales finiquitar la alianza, en una especie de suicidio político que ha convertido en extraparlamentario a un partido que había sustentado a 18 de los 25 gobiernos federales de la historia del país.
Cómo salir del atolladero
En medios alemanes se barajan distintos escenarios sobre cómo sacar de su crisis persistente a una coalición cuyos actores principales, canciller y vicecanciller, no son capaces de consensuar las reformas estructurales que implicarían más recortes en jubilaciones y prestaciones sociales, pero que según Merz precisa el país. Cada "concesión" que hace Klingbeil son varios puntos más en la caída en picado del Partido Socialdemócrata, del que es líder.
El diario Der Tagesspiegel, junto con el tabloide Bild, barajaban estos días cuatro escenarios: que Merz se someta a un voto de confianza vinculado a unas reformas estructurales; que lo haga ligado a la convocatoria de nuevas elecciones, una maniobra arriesgada ya que no tiene asegurado el apoyo cerrado de los 328 diputados que suma su coalición; que se convoque un voto de censura dicho constructivo, para que la cámara elija otro canciller; o que Merz opte por seguir al frente de un gobierno en minoría, algo inexplorado en Alemania salvo en periodos de transición hacia las siguientes elecciones.
Son opciones que parecen remotas. Pero que el mero hecho de que se evalúen, coincidiendo con el primer año de Merz en el poder, ilustran la situación de fragilidad política que atraviesa la primera economía de la UE.
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