Unión Europea
De Ucrania a Islandia: la política de ampliación europea como garantía de seguridad
La posible reapertura de las negociaciones de adhesión entre Reikiavik y Bruselas vuelve a poner de manifiesto el peso geopolítico de la UE en un mundo cada vez más impredecible

La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, y la comisaria de ampliación, Marta Kos, durante una visita a Ucrania, en una foto de archivo. / ANSGAAR HAASE / DPA / EUROPA PRESS
La invasión rusa de Ucrania en el este y las amenazas de Estados Unidos contra Groenlandia e Islandia en el Atlántico Norte han dado un nuevo atractivo a la pertenencia a la Unión Europea (UE), en la que los países que aspiran a formar parte del bloque no ven solo un atractivo económico sino sobre todo una garantía de seguridad, en un contexto geopolítico cada vez más impredecible.
Cuando los islandeses acudan el próximo sábado a las urnas para decidir si su país debe reabrir las negociaciones de adhesión con la UE, no será la promesa de una prosperidad económica la que resulte determinante, sino el paraguas de seguridad que el bloque ofrece. Trece años después de congelar las conversaciones, Reikiavik ve en la pertenencia a la Unión una manera de proteger su soberanía frente a la amenaza de Washington.
Esa lectura no es nueva. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, Kiev considera su entrada en la UE no ya como una aspiración lógica sino como una garantía de seguridad necesaria frente a la amenaza de Rusia, incluso en un escenario de paz. Lo mismo ocurre con otros países de la esfera de influencia del Kremlin como Moldavia.
Una garantía de estabilidad
La política de ampliación ha tenido siempre un importante componente geopolítico. De hecho, la UE entiende la adhesión como una extensión de su influencia sobre sus vecinos. Pero en el pasado, la motivación para entrar en el bloque era sobre todo económica. Que Islandia, una economía de mercado integrada en Schengen, que además es también miembro de la OTAN, se plantee entrar en el bloque da una idea del peso de la cuestión de seguridad en este momento.
"Hoy en día, la ampliación forma parte del esfuerzo más amplio por garantizar la estabilidad y la seguridad a largo plazo de nuestro continente", reconoce la comisaria de ampliación, Marta Kos, en declaraciones a EL PERIÓDICO. Para Kos, esto es un reflejo de que el bloque es cada vez más atractivo en un mundo en constante cambio y de que "la ampliación está retomando su papel como estabilizador geopolítico de Europa", subrayó en un discurso el pasado martes.
Lo dijo en Croacia, el último país en entrar en el bloque. "En un mundo donde nos enfrentamos a presiones desde Oriente y Occidente, donde las viejas alianzas se desvanecen y surgen otras nuevas, donde las dependencias se instrumentalizan y donde sufrimos ataques directos contra nuestra democracia y nuestra forma de vida, fortalecernos juntos es nuestro mayor activo", añadió la eslovena.
La ampliación como política de seguridad
"La invasión rusa de Ucrania transformó el proceso de ampliación, que dejó de ser una simple expansión de la UE y del mercado único europeo para convertirse en un proceso geopolítico, al dotarlo de una clara dimensión de seguridad", explica Nina Vujanovic, analista del think tank Bruegel, en una entrevista con EL PERIÓDICO. El proceso de adhesión, que llevaba prácticamente paralizado desde la entrada de Croacia en 2013, se reactivó con la guerra. "Para un país como Ucrania, ingresar a la UE y a sus estructuras e instituciones significa estabilidad y seguridad a largo plazo", añade la analista.
El caso de Islandia, a pesar de no enfrentarse a un conflicto activo, no es menos evidente. "Sabemos que esto [la renovada aspiración] ha sido provocado principalmente por las afirmaciones de [el presidente de Estados Unidos, Donald] Trump sobre el Ártico", asegura Tinatin Akhvlediani, que dirige el departamento de ampliación del Centro Europeo de Estudios Políticos (CEPS, por sus siglas en inglés), en una entrevista con EL PERIÓDICO.
"Se trata de un país con una economía desarrollada, a diferencia de los Estados miembros del este, incluyendo Ucrania, así como Moldavia y los Balcanes, que son mercados emergentes", apunta Vujanovic. Con Trump amenazando con tomar el control de Groenlandia, que en alguna ocasión ha confundido con Islandia, la seguridad se ha convertido en un aspecto fundamental.
El presidente de Estados Unidos ha justificado las amenazas aludiendo a que la seguridad del país estaría en juego en el Ártico. Tanto Islandia como Groenlandia, bajo control de Dinamarca, son países miembros de la OTAN. Reikiavik vería en la pertenencia a la UE una garantía de seguridad extra para su soberanía.
El componente geopolítico
En un escenario global cada vez más fragmentado e impredecible, donde las alianzas tradicionales están en cuestión, el peso económico y político de la UE depende en gran medida del de sus Estados miembros. "En un mundo multipolar en el que la UE necesita posicionarse, el proceso de ampliación ofrece esa oportunidad", asegura Vujanovic.
"La ampliación es un imperativo geoestratégico para nosotros y una inversión a largo plazo en nuestra paz, nuestra estabilidad y nuestra seguridad", reconoció la propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tras la cumbre con los Balcanes Occidentales el pasado mes de junio. El caso de Islandia es particularmente interesante para el bloque.
Por primera vez en décadas, la ampliación no es hacia el este o los Balcanes sino hacia el norte. "La expansión hacia el Atlántico Norte representa otra dimensión geopolítica crucial para la Unión Europea. Personalmente, creo que el referéndum islandés tendría un efecto positivo en el este", insiste la analista.
Para Akhvlediani, cualquier adhesión podría considerarse un caso de éxito teniendo en cuenta que el proceso lleva una década congelado. Al mismo tiempo, "si el proceso de adhesión se desarrolla sin contratiempos, sin vetos bilaterales y con rapidez, será un éxito rotundo. Y, por supuesto, esto beneficiará a la política de ampliación", asegura.
La analista coincide en que el caso de Islandia podría ser determinante para el futuro del bloque. "Es un caso especial" porque pone de manifiesto no solo que los países pobres y en conflictos activos ven el atractivo de pertenecer a la UE, sino también "economías prósperas, democracias estables que ya forman parte del mercado único".
Una visión que la comisaria de ampliación comparte. A ojos de Kos, una posible decisión positiva de los ciudadanos islandeses de reabrir las negociaciones de adhesión "sin duda" reforzaría los argumentos a favor de que la UE dé la bienvenida a nuevos miembros. Dado el nivel de integración de Islandia en el acervo comunitario, Kos calcula además que las conversaciones no se alargarían más de uno o dos años.
El potencial efecto contagio
"La UE reconoce abiertamente que [la adhesión] está motivada por cuestiones de seguridad y que se trata de una cuestión eminentemente geopolítica", explica Akhvlediani. "Sin embargo, desde el punto de vista procedimental, la ampliación sigue siendo un proceso muy técnico", añade.
Pero no es solo una cuestión técnica, sino, a menudo, también política que retrasa el proceso. "A pesar de todo este impulso geopolítico y las amenazas existenciales a la seguridad, los países aún pueden verse limitados por vetos bilaterales", reconoce Akhvlediani. Ha sido el caso de Ucrania, por el veto de Hungría, o de Macedonia del Norte, primero por el veto de Grecia y ahora, de Bulgaria.
Al mismo tiempo, en este sentido, Islandia podría ser un catalizador, especialmente si su entrada al bloque se vinculara, por ejemplo, con la de Montenegro. "Sería un argumento a favor de los países que van más avanzados, pero también de los países que están en la cola", admite la analista, insistiendo en que, en cualquier caso, todos tendrán que hacer los deberes.
¿Está la UE lista para acoger nuevos miembros?
Tras la cumbre con los países de los Balcanes el pasado mes de junio, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, aseguró que la UE estaba "en la cuenta atrás para la próxima ampliación", por primera vez desde 2013. Montenegro se ha marcado 2028 como fecha límite para entrar en el bloque; países como Albania avanzan más rápido que nunca, y las negociaciones han arrancado con Ucrania y Moldavia.
Sin embargo, a ojos de los Veintisiete, antes de acoger nuevos socios, la UE tiene que reformarse. La Comisión Europea se comprometió el pasado año a presentar una propuesta de las medidas que el bloque tiene que tomar para poder dar la bienvenida a nuevos países. Pero esa propuesta aún está pendiente.
"Para poder ofrecer realmente la membresía a todos los países que están en lista de espera, incluidos los Balcanes Occidentales y el 'trío oriental', la UE debe hacer los deberes", explica Akhvlediani. Unos deberes que, en el caso de Islandia, pasarían por reformar una política de pesca que algunos consideran obsoleta.
Kos defendió el martes que la UE debe empezar por evaluar el impacto para el bloque de acoger nuevos miembros y hacer las reformas necesarias para actuar con agilidad, por ejemplo, reduciendo las áreas de decisión que requieran unanimidad. Pero también tiene que consolidar los mecanismos que aseguren el respeto al estado de derecho una vez dentro. Y por último, la eslovena abogó por modelos más flexibles de ampliación, que permitan una integración progresiva, como proponen países como Francia o Alemania.
Para Vujanovic, sin embargo, se trata sobre todo de una cuestión de voluntad política, especialmente en el caso de Islandia y Montenegro. "La UE en su conjunto está más que preparada", asegura la analista alegando que el bloque no estará completo mientras parte del continente esté fuera. "Es hora de que la UE piense de forma más estratégica, porque un mercado único y una mejor integración institucional en toda Europa significan también una Europa más fuerte. Y eso es lo que Europa más necesita", sentencia.
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