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Tres reclutas hablan para EL PERIÓDICO

Jóvenes que huyeron de Putin para evitar la guerra: "En Rusia te pueden parar por la calle, obligarte a firmar un contrato y enviarte al frente"

Tres jóvenes rusos que, o bien desertaron, o bien huyeron del país para evitar ir a la guerra de Ucrania, explican sus experiencias a EL PERIÓDICO

Unas mujeres pasan junto a un anuncio de reclutamiento militar que muestra a un soldado ruso con la inscripción «¡Valor y coraje!».

Unas mujeres pasan junto a un anuncio de reclutamiento militar que muestra a un soldado ruso con la inscripción «¡Valor y coraje!». / Yuri Kochetkov / Efe

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Marc Marginedas

Marc Marginedas

Barcelona

Son historias de miedo, resiliencia e incertidumbre, que muy probablemente comparten con el grueso de la población masculina de la Federación Rusa en edad militar. Pero sobre todo, ponen sobre el tapete que para una parte significativa de los ciudadanos rusos, expectativas y sueños han quedado truncados debido a una guerra iniciada por el presidente Vladímir Putin hace cuatro años y medio, colocándoles ante la vida en modo de supervivencia. Tres jóvenes rusos, que o bien habían sido llamados a filas, o bien desertaron, o bien no querían arriesgarse a ser alistados a la fuerza, hablan para EL PERIÓDICO desde un país extranjero y explican cómo han logrado sortear los riesgos que implicaba servir en el Ejército. Los nombres son figurados para evitar su identificación.

Anatoli no tuvo suerte. Había acabado el servicio militar obligatorio en 2021, meses antes del inicio de la invasión a Ucrania, y deduce que por esta razón, al Ejército les resultó muy interesante convocarle en la primera ocasión, durante la movilización parcial decretada por Vladímir Putin hace cuatro años. "Me llamaron a filas en otoño de 2022, pasé una semana en el centro de reclutamiento y decidí huir", explica. Abandonó el país por vía aérea, tras vivir un momento de extrema tensión en el control de pasaportes de uno de los aeropuertos moscovitas. "Creo que la funcionaria (de fronteras) sabía que estaba huyendo, pero al final me dejó pasar", continúa.

Ahora, instalado en un país que carece de frontera terrestre con Rusia, trabaja como técnico especialista en una empresa cuyo nombre no quiere desvelar y con la ayuda de oenegés de derechos del hombre, espera poder llegar a un país de la UE en los próximos meses, pese a carecer de pasaporte extranjero. "Lo pedí en la embajada, pasé el procedimiento de certificación de nacionalidad y me llamaron diciéndome que me lo negaban y que acudiera a la legación para que me explicaran la razón; no fui", rememora.

Al tratarse de una deserción, Anatoli ha sido incluido en una lista federal rusa de busca y captura, y sería arrestado en el caso de volver a su país. La presión, eso sí, se ha trasladado a su familia. Sus padres han recibido varias llamadas telefónicas, y en una ocasión hasta una visita de la policía militar. "No les han presionado físicamente, pero sí emocionalmente. A mi madre le llegaron a decir que podía sucederle algo inesperado".

Más allá de no querer colaborar en la invasión de un país extranjero, la negativa de Serguéi a acudir a filas está asentada en motivaciones ideológicas, pacifistas y antimilitaristas. "Había leído las memorias de militares rusos en Chechenia y Afganistán" y entendía el trato "vejatorio" que recibían los soldados de parte de los comandantes de un Ejército que considera sin valores y con niveles de corrupción muy elevados.

Serguéi llegó a su actual lugar de residencia el pasado abril. Al igual que Anatoli, pasó entre 20 o 30 minutos de incertidumbre en el control de pasaportes del aeropuerto de su ciudad antes de que le permitieran embarcar en el avión. Además, se olvidó hasta el último momento de borrar el contenido de su teléfono móvil, ya que si lo examinaban y hallaban que estaba suscrito a determinadas cuentas, ello podía causarle problemas.

Aunque no había sido movilizado mediante carta oficial, conocía casos de jóvenes de su edad que habían sido detenidos en la calle y obligados a firmar un contrato de alistamiento, algo que le sucedió a un familiar lejano que reside en Sarátov. "En Rusia no tenemos derechos, y pueden amargarte la vida de muchas formas si no firmas, te pueden colocar en una situación en la que no puedes negarte".

La situación de Serguéi es extremadamente precaria. Entró en el país de destino como turista, y carece de permiso de residencia. No obstante, le tranquilizó la intervención en TVDozhd, la principal cadena de televisión rusa independiente, de un ministro local del país en el que vive, en la que garantizaba que los huidos y desertores no serían devueltos a Rusia.

Vitalii extrema las precauciones antes de hablar. Pide completo anonimato, y limitar posibles pistas respecto a su lugar actual de residencia o a circunstancias personales que permitan identificarlo.

Y es que su caso difiere de los anteriores. Decidió firmar un contrato como voluntario para participar en la guerra porque habían movilizado a sus hermanos, y no quiso dejarlos atrás, llegando incluso a pisar suelo ucraniano. Ahora, su principal temor es que lo encuentren y le envíen "de vuelta a la zona de la Operación Militar Especial", demostrando con estas palabras que ha asumido por completo el lenguaje castrense de Rusia. Porque el término 'Operación Militar Especial' es el eufemismo con el que se conoce en el argot militar del Kremlin al conflicto de Ucrania para no dar la impresión de que el país se halla en sitiación de guerra.

Abandonó Rusia en febrero de este año y, al igual que en el caso de Anatoli, se ha lanzado una orden de busca y captura federal contra él. "Mi familia ha sido visitada por la policía militar". Vitalii ha tenido suerte de poder escapar tras haber pasado una temporada en Ucrania. Tal y como relata a EL PERIÓDICO Alekséi Alshanski, exmilitar ruso e investigador de la organización independiente 'Conflict Intelligence Team', una red de inteligencia que monitorea las actividades del Ejército ruso, la deserción se complica muchísimo una vez que el soldado ha pisado ya suelo ucraniano. "Aunque el este de Ucrania es, según la Constitución, parte de Rusia, sigue existiendo una frontera donde se controlan con severidad los movimientos", explica. Una vez fuera de la 'zona especial' militar, la huida se hace más fácil: "Rusia es un país muy grande, con fronteras muy porosas", concluye.

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Fuente: El Periódico

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