Migración por motivación política
España, un 'refugio' para estadounidenses: "Mientras Trump siga, no voy a poner un pie en EEUU"
El apoyo de Estados Unidos a Israel, las redadas migratorias y la deriva autocrática del presidente se encuentran entre las principales razones para emigrar hacia Europa
Trump provoca una fuga de talento científico de EEUU: "No hay nada a lo que regresar"

Thomas y Gustavo, un matrimonio estadounidense que emigró a España tras el regreso de Donald Trump / JORDI OTIX

La noche en que Donald Trump ganó las elecciones por segunda vez, Thomas y Gustavo estaban pegados al televisor en su casa en Estados Unidos, aunque una parte de su vida ya apuntaba a España. Tenían una dirección en Barcelona y habían iniciado los trámites de residencia, pero todavía se decían que era provisional, un tanteo. Pero tras la muerte de los padres de Thomas, nada los retenía allí con la misma fuerza. A medida que el recuento de votos confirmaba el resultado, se iban convenciendo de que debían dar un paso definitivo. "Cuando Trump llegó al poder por segunda vez, dejó de ser una idea y se convirtió en una necesidad", explica Thomas a EL PERIÓDICO.
Así, esta pareja de profesores universitarios cambió Des Moines, en Iowa, por Roses, en l'Alt Empordà. La política había empezado a colarse en la vida cotidiana: supermercados, universidad, comentarios sobre su origen u orientación sexual. "Nunca pensé que iba a experimentar discriminación de esa manera. Pero empezó a volverse más común en lugares donde no lo esperas", dice Gustavo, que nació en Buenos Aires, Argentina. Lo que más les pesa es imaginar el futuro: "Llevamos más de 26 años juntos. No es solo mi marido, es mi compañero de vida". Y añade: "No quiero llegar a los 80 años o estar en un hospital y tener que explicar si soy familia o no".
El salto español
Durante décadas, EEUU fue presentado como el país de la libertad al que aspiraban migrantes de todo el mundo. Ahora, mientras endurece sus políticas migratorias, reprime protestas y financia guerras cada vez más impopulares dentro y fuera del país, cada vez más estadounidenses buscan una salida en Europa y España. En 2023, con la entrada en vigor del visado para nómadas digitales, la población residente creció con un pico del 15,2%; y aunque en 2024 la llegada de estadounidenses a España desaceleró hasta el 9,4%, con el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, volvió a acelerarse llegando a su segundo pico más alto, un 13,3%.
Marie Mateo, abogada migratoria en Barcelona, lo ha notado en su despacho. "Antes el estadounidense era poco común en inmigración. Pero después de Trump y después del covid ha aumentado bastante el interés por venir a España", cuenta a este diario la letrada. La motivación se repite: "Todos hablan de Trump. Están hartos". Pero una cosa es querer irse y otra conseguir una residencia. "No es verdad que sea fácil tener papeles en España. Hay muchas burocracias migratorias", advierte esta abogada, que representa a Thomas y a Gustavo.

Marie Mateo, abogada de migraciones de Thomas y Gustavo, un matrimonio estadounidense que emigró a España por la situación política en EEUU, tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca / Jordi Otix / EPC
Papeles y laberintos
Thomas tiene nacionalidad irlandesa, por lo que su esposo, Gustavo, podía pedir la residencia como familiar de ciudadano comunitario. Pero chocaron con un requisito imposible. España les pide un reconocimiento irlandés de su matrimonio en EEUU, pero Irlanda, según Mateo, no lo emite porque ya considera automáticamente válido el documento americano. "España no puede pedir una documentación que el propio país no expide", resume la abogada. El caso ha acabado en los tribunales y, hasta que se resuelva, cada viaje de trabajo de Gustavo les genera ansiedad.
Por su parte, Bryan, nombre ficticio para preservar su anonimato, llegó a España al poco de iniciarse la presidencia de Trump. "Sentí que era una ruptura", explica este desde su casa-oficina, en el madrileño barrio de Atocha. Su baza es el visado de nómada digital: se ha establecido como autónomo y ha dado de alta su propia empresa en España. "He hecho todo lo que me han pedido y estoy esperando a ver qué pasa", dice, aunque confiesa estar inquieto por el "silencio administrativo" a pesar de que está haciendo un seguimiento exhaustivo, junto con Mateo, que también es su abogada. Pero no ceja en su objetivo: "He hecho un pacto conmigo mismo: mientras esto continúe, no voy a poner un pie en Estados Unidos", afirma.
El país que ya no reconocen
Trump aparece como detonante, pero todos aluden a razones estructurales. Thomas y Gustavo, ahora en su cincuentena, ya se habían ido a Irlanda durante los años de George W. Bush y la guerra de Irak, luego volvieron, con la esperanza de un cambio. "Con Obama, sentimos que EEUU había dado un paso adelante", dice Thomas. Y añade: "Y entonces llegó Trump", un cambio que leyeron como algo más profundo que un giro electoral. "Fue doloroso ver cómo el país en el que nací se convertía en algo que no reconozco", admite.
Bryan dice que votó a los demócratas "porque ya se podía ver que lo que llegaría si no era fascismo", pero se siente decepcionado por la falta de opciones políticas. Se siente escandalizado por las redadas migratorias y la involucración de EEUU en las guerras de Gaza y Ucrania. "No entiendo cómo tanta gente no ve que la historia se repite. Cuando empiezan las dictaduras, siempre hay ataques a periodistas", sostiene.

Thomas y Gustavo, un matrimonio estadounidense que emigró a España por la situación política en EEUU, tras el regreso de Donald Trump. / Jordi Otix / EPC
Dónde van tus impuestos
Los impuestos son la expresión más pragmática de esa ruptura moral. Bryan sintió que tenía "la obligación moral" de tributar en otro lugar, donde su contribución fuera a causas que considera justas, ahí entró España.
"Probablemente acabemos pagando más impuestos aquí que en EEUU, y aun así queremos hacerlo", dice Gustavo. La pregunta que se hacen es otra: "¿Dónde va mi dinero? ¿Qué estoy apoyando? ¿Estoy pagando por guerras? ¿Estoy pagando por eliminar la justicia social o los derechos de los niños gays?". No quieren ahorrarse dinero, quieren estar alineados con sus valores.
En Roses, Thomas y Gustavo empiezan a sentir una pertenencia lenta: vecinos que saludan, gente que los reconoce en el supermercado. "Aquí nos sentimos mucho más felices y mucho más seguros", dicen. "La cultura española es más comunitaria, más acogedora". A Bryan también le gusta imaginar un futuro en España, aunque le preocupa no conseguir regularizarse. Lo que tiene claro es que no volverá. Buscará alternativas. "Tengo familia allí y me encantaría verlos, pero no voy a volver hasta que esto termine. Ni siquiera quiero volar allí", concluye.
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Fuente: El Periódico
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