Agustín Subías, vecino de Quinto, es cinturón negro de kárate y comparte sus conocimientos con los adultos que tres veces por semana acuden hasta el gimnasio de Fuentes para aprender los aspectos deportivos y filosóficos de un deporte que no siempre es bien entendido por las personas que no están vinculadas a él.

En sus clases de kárate trabaja también de vez en cuando la defensa personal, una actividad muy en auge en los últimos tiempos, sobre todo entre aquellas personas que han vivido alguna vez una situación de riesgo. "Es muy diferente la atención que presta en una clase de este tipo una persona que ha tenido un susto alguna vez y otra a la que no le ha pasado nunca nada", explica Agustín. En cualquier caso, cree que hay un desconocimiento generalizado de lo que es la defensa personal. "Los cursos de defensa personal que se dan con un sentido práctico suelen estar mal orientados porque se intentan enseñar técnicas muy complicadas que no se van a saber reproducir en una situación de riesgo", asegura.

Con el objetivo de dar unos consejos útiles y unas pautas de actuación ante una posible situación de riesgo, Agustín visitó este mes Alforque y Cinco Olivas, dentro de las jornadas culturales organizadas por el servicio comarcal de educación de adultos.

Allí, ante un público mayoritariamente femenino, explicó algunas cosas que pueden ser de utilidad en la vida diaria. "Es importante desmitificar los roles establecidos, como el de que una mujer nunca podrá enfrentarse a un hombre que sea físicamente más fuerte que ella. No nos damos cuenta de que la fuerza es algo más psicológico que físico".

Para demostrar esta afirmación Agustín aseguró que "aunque se debe evitar cualquier tipo de confrontación física siempre que sea posible, si ésta es inevitable, se debe saber que, contra lo que pueda parecer, el punto más débil de un hombre es el cuello y un puñetazo a la altura de la nuez de nuestro atracador puede darnos el tiempo suficiente como para que éste nos suelte y podamos salir corriendo. Las patadas en las piernas de nuestro agresor también suelen ser efectivas".

Al margen del enfrentamiento físico existen multitud de sencillos consejos que pueden evitar más de un disgusto y que, aunque suelen ser de sentido común, no siempre se tienen en cuenta en nuestra forma de actuar.

Por ejemplo, se debe procurar que en la placa del buzón aparezca el nombre de más de una persona, aunque se viva solo; esto desconcertará a un posible ladrón que pudiera estar vigilando nuestros movimientos para encontrar el momento oportuno de acceder al domicilio. Tener las llaves preparadas cuando se llega a casa para entretenerse en el portal lo menos posible, no caminar junto a las calzadas para evitar que un coche o moto pueda arrebatarnos el bolso de un tirón y producirnos más de un rasguño o no dar ningún tipo de información personal en posibles encuestas telefónicas o personales son otros de los consejos útiles.

"Todos tenemos una especie de sexto sentido que nos previene y con él se suele acertar casi siempre. Si yendo por la calle te produce desconfianza atravesar un determinado lugar, a lo mejor es preferible hacer caso a ese sexto sentido e ir por otro lado", cuenta Agustín Subías como ejemplo.

E. ANIENTO