Oir hablar a Pedro Anía de escultura mientras contemplas su obra, es un auténtico placer para los sentidos. Trabajador incansable, forjado en el duro oficio de la piedra, la cual sabe, dado el caso, arrancarla de la beta como bloque informe y aplicar sobre ella su sabiduría, su oficio y transformarla en obra maestra final. Convertida en volúmenes que marcan el vacío ¿quién dijo que el vacío no existe, que no tiene cuerpo?, pues Pedro Anía lo crea y nos lo muestra. Si se ha tenido la ocasión de ver, por ejemplo, algunas de sus famosas "cuerdas" se habrá comprobado enseguida. Cuerdas exuberantes cuyas hebras se separan para luego volver a unirse. Espacio donde se encierra la esfera perfecta, nacida del mismo bloque, sin solución de escapatoria. O bien esos "infinitos" que nos muestran la "cuarta dimensión", la del espacio, la del vacío "existencialmente inexistente". Torrente de expresionismo que es el Pedro Anía más interior.

Pedro Anía Gérez nació en Calatorao hace 47 años. Ya llevaba en la sangre el misterioso influjo de la piedra y del arte porque es biznieto, nieto e hijo de canteros, un arte que sabiamente han transmitido de generación en generación.

Con esos antecedentes y naciendo en Calatorao "la tierra del mármol negro" es lógico que Pedro sintiera desde muy joven la necesidad de desentrañar los misterios de la piedra. Y como no, el mármol de Calatorao --que no "piedra", como diferencia el artista con argumentos de peso--, fue un excelente material para iniciarse en este arte.

Forjándose a sí mismo, fue creciendo como persona y como artista. Si bien su relación profesional con la piedra empezó temprana y en 1992 dio el salto definitivo y decidió montar su propio taller. Desde entonces su actividad creativa ha sido incesante. Su currículo es amplio, su obra numerosa y sus premios en certámenes nacionales e internacionales le ponen a la altura de los artistas más galardonados de Aragón. Pero él no se conforma sólo con modelar la piedra. Como buen maestro, también ha querido compartir sus conocimientos con los demás -el arte sirve de poco si no sirve para cultivar a las gentes-, de ahí una lista interminable de talleres, cursos, demostraciones, etc. a lo largo y ancho de Aragón.

Hoy, desde su taller en San Lorenzo de Flumen, sigue trabajando incansablemente para deleitarnos sembrando obra acá y allá y sumarlas a las de Huesca, Pontevedra, Alicante, Mequinenza, Labuerda, Morillo de Tou (donde ha demostrado que es posible la armonía entre espacio urbano, naturaleza y arte), San Lorenzo de Flumen, Bielsa, Gallur y un largo etc. de obras colocadas en espacios públicos y privados. Ahora trabaja en unos inmensos relieves "con un granito asiático difícil de domar", como él dice, encargado por el Ayuntamiento de Benasque como obra pública. Sin duda, otra exquisita muestra de su buen hacer porque en él no cabe otra posibilidad.

CAL