En estas fechas ha llegado a su fin la vendimia que, en Almonacid, empezó el 4 de septiembre y finalizó el 9 de octubre. El verano ha sido moderadamente cálido y seco, muy prometedor para la buena maduración y sanidad de la uva y, al final de agosto, una semana de intensos calores propició un fin de maduración acelerado para la uva, disparándose las graduaciones alcohólicas y equiparándose la maduración de las variedades.

Al inicio de la vendimia se dio prioridad a aquellas variedades cuya maduración se preveía más avanzada, como es el caso de blancos, y garnachas y tempranillos especiales y seleccionados. Posteriormente fue el syrah, la garnacha y tempranillo sin seleccionar, el cabernet, la mazuela y el vidadillo.

Desde el principio, las jornadas de recolección fueron muy intensas porque se temía alcanzar grados excesivamente altos y porque el tiempo comenzaba a desestabilizarse. Así, hubo un par de tormentas con lluvias intensas que, además de impedir la recogida, fueron negativas para las variedades de vino blanco, porque las debilitaron y generaron su podredumbre. En el caso del tinto pudo ser incluso positivo, ya que la uva estaba muy castigada por el calor, y la lluvia le devolvió la hidratación perdida.

La máxima concentración de kilos de uva recibida en la cooperativa de San Nicolás de Tolentino tuvo lugar del 16 al 26 de septiembre, durante los cuales se superaron los 200.000 kg diarios. El balance final permite hablar de unos 4 millones de kilos recibidos en esta cooperativa, de los cuales casi 900.000 kg son de blanco, 1.200.000 de garnacha, 1.100.000 de tempranillo, 375.000 de vidadillo, 150.000 de syrah.

En general, la uva presentaba un buen estado sanitario salvo casos de afecciones por polilla y botrytis. Grados alcohólicos altos y buena acidez en garnachas, frente a grados moderados y acidez más baja en el resto de variedades, debido al calor que ha consumido ácidos de la uva.

En cuanto a los caldos, puede decirse que han nacido de uva madura, con lo cual se ha facilitado una buena extracción de color, taninos y de otros componentes aromáticos, que dotarán de personalidad a los vinos del 2006. Así se espera una buena calidad de los caldos, a pesar de que el año no ha sido fácil por las inclemencias del tiempo y otros contratiempos.