Bueno, pues ya se ha acabado el mundial. ¡Qué alegría! Ya hemos sido testigos de un hecho grande, histórico y bla bla bla. Ahora bajemos de la nube.

Es duro desarraigarse de la ilusión futbolera y volver a la realidad económica, pero hay que hacerlo.

No se dejen embaucar por cantos de sirena ni abanderamientos políticos. No se ha arreglado nada. No hay puntos de inflexión, ni podemos ya tirar la casa por la ventana. Y ojo, que en plena canícula somos dados a empeñarnos por vacaciones, y la cartera está más floja que los brotes verdes de Zapatero.

Uno no deja de pensar que si toda esa energía, ilusión y determinación que hemos visto por televisión, los españoles la pusieramos en arreglar la crisis, realmente la arreglaríamos...

Pero es que entonces no seríamos España. Tristemente, un país de cachondeo, corrupción, baile y cante, playa y tortilla, prensa rosa, futbol, picaresca, poco trabajo y mucha hipocresía.

Sí, hipocresía. Porque vamos como el Real Madrid. De señores. No admitimos la corrupción y nos rebosa por todos lados. Pretendemos ser ricos, trabajadores, responsables, serios y los más guapos. Y es evidente que no lo somos. Las comparaciones son odiosas, y sólo cuando nos ponemos al lado de los europeos serios es cuando realmente nos sonrojamos, ya que de puertas para adentro seguimos vendiendo desde el gobierno la imagen más virtuosa y la economía próspera.

Y del mismo modo que cuando un club ratifica a un entrenador, ya puede ir haciendo las maletas, cuando el gobierno dice que no pasa nada en la banca, que no somos Grecia y que están trabajando para solventar el paro, servidor se pone a temblar.

Por eso, y aunque duela, recojan las vuvuzelas, limpiense las pinturas, dejen de agitar las banderas...

Y pongámonos a lo verdaderamente acuciante, que es trabajar para salir de la crisis y exigir a los políticos que nos representan, (o eso se supone, al menos) que se apliquen en el ejemplo.