La construcción del parque La Sarda va a suponer un fuerte incentivo económico para el ayuntamiento de Villanueva, ya que dicha institución nunca pierde la propiedad de los terrenos en los que se va a construir el espacio funerario. Además, el consistorio tiene en La Sarda una fuente de ingresos inconmensurable, ya que recibe un porcentaje por la venta de cada parcela, obtiene una participación de los beneficios de la empresa, puesto que forma parte de la sociedad que gestiona La Sarda, y consigue, de por vida, los emolumentos por mantenimiento anual que el propietario de cada parcela tendrá que pagar para que el espacio se conserve en perfecto estado.

Otra de las ventajas, quizá la mayor, que consigue el ayuntamiento de Villanueva con la construcción del parque funerario, es que la constructora adelanta parte del dinero que el consistorio villanovense obtendrá por la venta de las parcelas en 15 años, un total de 7.800.000 euros (1.300 millones de pesetas), para la construcción de una residencia de ancianos en el municipio, un servicio con el que actualmente no cuenta la localidad, un jardín de infancia y el arreglo de las calles de Villanueva.

A este respecto hay que añadir que la constructora Parques Zaragozanos es especialista en la construcción de espacios geriátricos de gran comodidad, como el que han ejecutado en la localidad navarra de Viana. Un edificio realizado con los mejores materiales, siguiendo la tónica general de todas las edificaciones ejecutadas por la empresa. Una calidad constructiva también patente en los cuatro edificios más representativos de Logroño, que han sido erigidos por dicha empresa, o algunas de las urbanizaciones residenciales más modernas de Navarra, obras también de la constructora.

Descripción del proyecto

El diseño de La Sarda responde al concepto del parque-cementerio, que tiene su origen en Inglaterra en el siglo XIX, aunque su estado y perfección se desarrolló en Estados Unidos posteriormente, extendiéndose luego a la mayor parte de los países desarrollados del mundo.

La idea del parque funerario lleva implícita la unión de arquitectura y naturaleza. Así, en el caso de La Sarda se fusionan magistralmente edificios y zonas de jardín, conformando un espacio abierto en el que encontrar lugares de recogimiento necesarios en un complejo diseñado con este fin. Así, se consigue traspasar la idea convencional de necrópolis cerrada, amurallada y separada del mundo, tal y como ocurre en un cementerio convencional, para componer un lugar abierto y lleno de encanto, cualidad que se manifiesta en los cientos de especies vegetales que crecen en el mismo.

El acceso al complejo se efectúa por una rotonda que se ubica en la carretera que lleva hasta la urbanización de El Zorongo, tomando el desvío de la carretera N-330 (Huesca-Francia). Junto a la entrada se dispone la zona de estacionamiento de vehículos y el edificio principal en el que se sitúan la salas de espera, los tanatorios, el depósito de cadáveres, las oficinas, el centro de atención al cliente y el área de servicios (administración, zona de duelos, cafetería, restaurante, etc.). También en este macroedificio se ubica la capilla, de la que hay que destacar la novedad de su diseño exterior, realizado en mampostería de piedra, ladrillo artesanal y estructuras de madera vista, así como su composición interior, articulada mediante formas curvas que crean un ambiente de penumbra general que únicamente queda roto por la intensa luz que entra al recinto por el espacio central acristalado.

El resto del espacio de Parque La Sarda, la zona verde, está dividido por sectores perfectamente definidos mediante conjuntos florales, arbustos de vivos colores y 800 árboles agrupados por especies, creando así diversas zonas con los nombres de cada uno de ellos ("Los Olmos", "Los Alamos", "Los Castaños", etc.). Bajo ellos, grandes extensiones de césped, regados mediante sistemas computerizados, en donde se ubicarán las parcelas funerarias (de aproximadamente 2,20 metros de largo por 1,20 metros de ancho y con una profundidad de 2,50 metros). En cada una de ellas se podrá inhumar hasta tres cadáveres o en su equivalente de 9 ó 18, en caso de reducciones a urnas cinerarias. Dichas parcelas están identificadas mediante pequeñas y sobrias placas de mármol, colocadas horizontalmente a ras del césped.