Fran Lorente ha regresado recientemente de Pakistán, de su última expedición en el Karakorum. No consiguieron llegar a la cumbre pero la mochila la trae repletas de experiencias.

La expedición aragonesa en la que participaba el alpinista de la comarca tenía como objetivos coronar las cimas del Broad Peak de 8.047 metros y el Gasherbrum II. En el equipo, además de Carlos Pauner, Raúl Martínez, Javier Abad, José Vilalta y Fran Lorente estaba Isabel Santolaria que, en el caso de haber hecho cumbre, se hubiera convertido en la primera aragonesa en llegar a una cima de ochomil metros. Si bien, las vicisitudes y el mal tiempo impidieron a este potente grupo culminar tan ambicioso proyecto.

"Nos comunicaron que José había caído 20 metros en una grieta y estaba con una hipotermia severa además de sangrar por el oído. Salimos hacia su encuentro. Mis piernas se movían tan rápido como podían y mi cabeza se obcecaba en llegar antes de que José se apagara para siempre. No quería dejarlo solo en ese momento", relata Fran. Afortunadamente se recuperó fenomenalmente. "Difícilmente olvidaremos su entereza y su capacidad de superar la situación animándonos a seguir luchando por nuestro objetivo", dice Lorente.

Esa misma noche llegó la noticia de la muerte de Marcus, uno de los integrantes de la expedición austriaca que habían intentado hacer cumbre. "Jorge, el médico asturiano había bajado ese mismo día de cumbre y tras tres horas de descanso decidió subir hasta la cresta para ayudar al austríaco. Le administró un combinado de medicamentos para revivirlo y lo descendió hasta el campo base, salvándole la vida", recuerda Fran.

Además, Isabel, al llegar al campo II con Fran, a 6.400 metros, empezó a sentirse mal del estómago. "El viento soplaba con tanta fuerza que llegó a arrancar una de las tiendas", explica el montañero. "Se encontraba cada vez peor, pasaron dos largas noches y tres largos días y todavía sin recuperar, en un alarde de valor, se puso en pie y decidimos descender", comenta Lorente.

"Los acontecimientos y el mal tiempo, nos hacen regresar", asegura mientras relata como José sufría una parestesia y tenía problemas para caminar. "Lo intentó pero después de 25 kilómetros penando por un desagradable glaciar, comprobamos que no podía". El Hospital Clínico de Zaragoza corroboró el diagnóstico mediante comunicación telefónica con la expedición y "tuvimos que abandonar el lugar en helicóptero", afirma Fran.

A pesar del impresionante relato, el alpinista cariñenense no duda a la hora de afirmar que "nuestras vivencias son tan intensas, la capacidad de lucha y de entrega tales que, siendo conscientes de la dureza del camino, el objetivo merece la pena".