Desde las huertas que rodean Pradilla se oían las órdenes de la Guardia Civil dadas a través de los altavoces instalados por las calles de la localidad. Prohibían el acceso a todas aquellas personas cuya presencia no fuese estrictamente necesaria. Sin embargo, un grupo de vecinas rodeaba el pueblo en busca de una entrada alternativa a la principal, totalmente anegada y custodiada por un Patrol con tres agentes.

Al ir a entrar por la parte de atrás, otra pareja de guardias salió a su encuentro y trató de cortarles el paso. "Mire, tengo que entrar para ver cómo ha quedado mi casa, tengo un miedo espantoso y no puedo seguir cruzada de brazos. Por favor, déjeme pasar", dijo una de las vecinas mientras las demás se colocaban alrededor de su improvisada portavoz. El guardia civil no pudo negarse y la única condición que puso fue que saliesen lo antes posible. Por precaución.

El grupo de mujeres fue recorriendo las calles del casco viejo de Pradilla. Vecinos con botas de goma hasta las rodillas trabajaban codo con codo con bomberos, técnicos del Gobierno de Aragón e incluso miembros del Ejército, luchando contra el agua. La mayoría hacían uso de las bombas hidráulicas que habían llegado a primera hora de Novillas. Allí, después de toda una noche de trabajo, habían conseguido sacar el agua acumulada en el interior de las viviendas y ya sólo les quedaba esperar que el caudal del río disminuyese y se retirase por sí mismo de campos, huertas y calles. "Cuestión de dos o tres días ", comentaba un vecino.

En Pradilla, sin embargo, el trabajo duro comenzó ayer, después de que el viernes tuvieran que ser evacuados todos los ciudadanos ante el anuncio de la fuerte crecida. "Cuando hemos llegado por la mañana nos hemos encontrado con que la mayoría de las bodegas y los garajes tenían más de metro y medio de agua, incluso en algunas casas se ha colado y eso que se habían tomado precauciones sellando las junturas de las puertas con espuma y levantando montículos de tierra", se lamentaba una vecina. La Guardia Civil patrullaba constantemente por las calles que no habían sido cortadas previamente. Lanzaba avisos a los curiosos de los pueblos de los alrededores que se habían acercado para ver el trágico espectáculo. Algunos habían hecho todo un recorrido por la zona afectada por el desbordamiento del río. En Remolinos, una granja aislada con 500 cabezas de vacuno era el tema de conversación.

"Los nervios del viernes ya han pasado, pero es que ahora te encuentras con todos los destrozos y no sabes por dónde empezar", se lamentaba una mujer. A su lado, la manguera de la bomba hidráulica escupía sobre una alcantarilla el agua que absorbía de un garaje, con una fuerza similar a la del chorro que cae de un grifo abierto a toda presión. "Mi marido y yo hemos dormido en casa de unos familiares, nos dijeron que podíamos ir al polideportivo de Tauste, pero sólo de pensarlo me entraban ganas de llorar", comentaba. Pese a las muestras de solidaridad de los ciudadanos de Tauste (que incluso ofrecieron 200 camas en casas particulares), no hizo falta hacer uso de estas ayudas. Tan sólo 22 personas se alojaron en casas de propiedad municipal.

Hospitalidad

No obstante, para los vecinos, las molestias de tener que recurrir a la hospitalidad de familiares y amigos no tienen mayor relevancia, pese a que saben que aún les quedan un par de noches más fuera de sus casas. "Lo que ahora nos preocupa es que lleguen ayudas porque, si no esto no hay quien lo levante, pues nos han dicho que a partir del lunes empezarán a evaluarse daños pero a saber cómo calcularán ellos", añadió. Se sabe que la mitad de la superficie de Pradilla se ha visto afectada y que una casa de adobe se derrumbó ayer.

Ante estas escenas, hubo momentos de impotencia y los vecinos comenzaron a lanzar duras acusaciones contra la Confederación Hidrográfica del Ebro y el Gobierno de Aragón.

"La riada llegó antes de la hora que nos habían dicho y ahora habrá que ver cuánto tardan en llegar los peritos y la valoración que hacen de la situación", denunció un hombre que trabajaba junto a una bomba hidráulica. "Nos hemos quedado aquí aislados, la carretera que lleva a Alagón está cortada y mires donde mires sólo hay agua", añadió.

No obstante, desde el ayuntamiento dejaron las críticas vecinales al margen y quisieron agradecer el apoyo que han recibido de las instituciones públicas. "Se ve que nos han ofrecido todos los medios de los que disponen, pero la superficie es grande y se hace lo que se puede", justificó Luis Eduardo Moncín, alcalde de Pradilla.

Concretamente, diez camiones motobombas del Cuerpo de Bomberos de los seis parques de la Diputación de Zaragoza estuvieron al servicio de las localidades de Pradilla, Novillas, Boquiñeni, Cabañas y Alcalá. Además, 700 soldados participaron en los trabajos.