El Gobierno mostró ayer "respeto" hacia las multitudinarias manifestaciones del sábado en toda España, pero no movió un ápice sus posiciones de alineamiento con la Administración norteamericana sobre un ataque a Irak. José María Aznar ha decidido intensificar sus gestiones internacionales para recabar apoyos al tiempo que sus ministros redoblan los ataques al PSOE para evitar que rentabilice el malestar social ante las elecciones municipales de mayo.

Tras las movilizaciones del fin de semana, los miembros del Gobierno lanzaron una catarata de declaraciones en las que antepusieron sus deseos de paz, pero continuaron firmes en su apoyo a EEUU.

EL PAPEL DE LA ONU La muestra más clara fueron las palabras del vicepresidente Mariano Rajoy, que advirtió de que, "si la ONU se muestra incapaz de que las decisiones se cumplan, será un órgano perfectamente suprimible". "Corre el riesgo de que no sirva absolutamente para nada", apostilló. Rajoy manifestó a Europa Press que el Gobierno acepta un nuevo plazo para los inspectores, pero añadió: "No nos engañemos, no es un problema de plazos sino de que Sadam cambie de actitud o no".

"NADIE ES INSENSIBLE" Ante las masivas movilizaciones, subrayó que el Gobierno no puede tomar decisiones "por una pretensión de ser más o menos popular". "Nadie es insensible a este tipo de manifestaciones, pero nuestra posición es clara: estamos a favor de la paz y la seguridad en el mundo y eso es velar porque se cumplan las resoluciones de la ONU y luchar contra el terrorismo".

Aznar ha modulado el tono de sus expresiones, pero no ha variado el contenido. Ayer, en una entrevista en Abc , señaló que en una democracia no existe "divorcio" entre la sociedad y los gobernantes.

Pese a los intentos del Gobierno de aplacar la contestación social, en el PP hay preocupación ante los próximos comicios. Como muestra de este temor, varios alcaldes del PP han congelado las mociones que iban a llevar a los ayuntamientos en apoyo al Ejecutivo.