El ambiente estaba ayer enrarecido en el Pentágono. Primero, el jefe máximo de las fuerzas norteamericanas terrestres en Irak reconoció que las imprevisiones estratégicas habían atascado a las columnas invasoras y harían que la guerra se alargase. Después, otro error militar causaba dos nuevas matanzas de civiles en Bagdad, que esta vez ascendieron a 60 muertos en la más dura y mor- tífera jornada de bombardeos en nueve días de ataques aéreos estadounidenses.

La Casa Blanca reconoció que el propio presidente de EEUU, George Bush, estaba "frustrado" por la polémica levantada por el primero de los dos incidentes , y especialmente porque la prensa norteamericana empezaba a preguntarse cuándo terminaría la guerra que Washington había prometido que sería corta. Asimismo, el Pentágono volvió a desentenderse de la espantosa masacre en la capital iraquí, pero se desvivió por aplacar el debate sobre el evidente estancamiento de la campaña bélica en Irak, donde se empezaban a multiplicar las bajas entre los soldados de la coalición invasora.

Un enemigo diferente

"El enemigo con el que combatimos es distinto del que nos habíamos preparado a enfrentar", declaró al diario The Washington Post (en un puesto avanzado dentro de Irak) el teniente general William Wallace, comandante del Quinto Cuerpo del Ejército de EEUU, cuyo núcleo principal está formado por la Tercera División de Infantería y la 101 División Aerotransportada, que forman el grueso de las fuerzas de ocupación. Wallace admitió que la inesperada resistencia guerrillera de los iraquís y la excesiva extensión de las líneas de abastecimiento habían obligado a sus fuerzas a detener su empuje hacia Bagdad, en espera de recibir una reserva de diez días de suministros de víveres, agua, carburante y munición, antes de ponerse de nuevo en marcha.

Las noticias de los diversos frentes abiertos tampoco eran buenas para el Alto Mando de EEUU. En la punta de lanza del avance hacia Bagdad, el Tercer Escuadrón del Séptimo de Caballería (la unidad del reconocimiento de la Tercera División) tuvo que efectuar un repliegue táctico --tras 72 horas de intensos combates--, para volver detrás de sus propias líneas, en Najaf, a reabastecerse y tomarse un respiro. En Nasiriya, otros 12 marines fueron dados por desaparecidos en acción, víctimas de las continuas emboscadas iraquís.

Errores tácticos

Así que en EEUU arrecia la controversia, no por la muerte de otras 60 personas --muchas de ellas niños-- en los bombardeos de Bagdad, sino por los aparentes errores tácticos del Pentágono que están prolongando las operaciones terrestres y han obligado al Estado Mayor a enviar al teatro de operaciones otros 130.000 soldados. Todos los analistas militares denuncian que los estrategas norteamericanos infravaloraron la capacidad de lucha de los iraquís y pusieron en peligro a las tropas al dejar en su retaguardia amplias bolsas de resistencia, por las prisas de llegar hasta la capital.

Pero el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, replicó a esas críticas con un ataque de flanco , al abrir un nuevo frente diplomático mediante amenazas a Siria e Irán, dos países vecinos de Irak. Rumsfeld --uno de los halcones de la Administración de Bush-- compareció ante la prensa para asegurar que estaban cruzando la frontera sirio-iraquí suministros militares, "incluidas gafas de visión nocturna". El jefe del Pentágono advirtió: "Consideramos ese tráfico como actos hostiles y haremos responsable al Gobierno sirio de esos envíos".

Además, Rumsfeld alertó a Irán de que el Ejército invasor trataría como "combatientes" enemigos a todos los que entrasen en Irak con el apoyo del régimen de Teherán.

Proyectiles devastadores

Tales advertencias estremecieron a los corresponsales en el Pentágono, quienes no obtuvieron respuesta sobre si Washington estaba amenazando con una intervención militar en Siria. Pero más bien parecían una cortina de humo frente a las protestas de muchos medios de comunicación norteamericanos sobre el estancamiento de la guerra en Irak.

Para compensar ese atasco en el frente terrestre, EEUU redobló los ataques aéreos contra Bagdad y empleó por vez primera los devastadores proyectiles anti-búnker GBU-24 de más de dos toneladas, que causaron gigantescas explosiones en la ciudad. "Seguirán bombardeando sin cesar para ver si la Guardia Republicana se desmorona, pero si resiste esperarán a que lleguen refuerzos" antes de lanzar el asalto a la capital, explicaba ayer Lawrence Korb, exsubsecretario de Defensa de EEUU, a la agencia Reuters. Es decir, si los tremendos bombardeos no quiebran la moral de los defensores, la batalla de Bagdad se postergará hasta la llegada de la Cuarta División de Infantería, a finales de abril.

Imágenes estremecedoras

En el frente norte iraquí del Kurdistán, los mil paracaidistas norteamericanos empezaron a recibir refuerzos y dirigieron a sus aliados kurdos --los combatientes peshmergas -- hacia la plaza fuerte de Kirkuk. En el frente sur, en torno a la ciudad sitiada de Basora, se produjeron tumultos y avalanchas humanas cuando empezaron a llegar los suministros de alimentos y agua potable para una población llevada al límite de la supervivencia.

La catástrofe de la guerra atenazaba todo el país, pero las imágenes más estremecedoras procedían de Bagdad, donde un misil de crucero cayó en un mercado y causó una auténtica carnicería, con numerosas víctimas infantiles. Horas después, en el hospital, un jovencísimo bagdadí con un brazo amputado por el hombro enseñaba a las cámaras su única mano con la uve de la victoria.

Esas escenas conmoverán sin duda a la opinión pública internacional y originarán un aumento de las protestas populares contra la guerra. Sin embargo, nada parece que vaya a hacer cambiar de actitud a Bush, que ayer noche se preparaba a pasar el fin de semana en su residencia campestre de Camp David --como si nada ocurriese--, mientras volvían a recrudecerse los bombardeos en Bagdad.

Ya hay más de 400 civiles muertos en la capital; seguramente muchos más en el resto del país. Y la guerra no ha hecho más que empezar.