Marcelino Iglesias volvió ayer a enfatizar la estabilidad política como valor que permite a Aragón obtener un diferencial de crecimiento y bienestar respecto de sus vecinos. De acuerdo con el mensaje del presidente, tantas veces reiterado, la estabilidad política genera confianza ciudadana y la interactuación de ambos factores supone la consecución de grandes hitos colectivos: más competitividad económica, cierta proyección internacional gracias a la Expo, derogación del trasvase... Pero llegados a este punto, siete años después de invocar esta fórmula de estabilidad más confianza igual a éxito como gran maná del futuro de Aragón, convendría que Iglesias fuera más ambicioso. La capacidad de influencia de la comunidad no ha crecido en los últimos años. Y tampoco la de su presidente, muy sólido en el 2004, pero que desde entonces lleva invocando a sus correligionarios federales para que apoyen a Aragón como punto estratégico y de seguridad en el norte de España sin obtener todavía resultados nítidos. Iglesias ha de incorporar la influencia a su fórmula magistral de estabilidad más confianza, aunque puntualmente pueda suponerle algún disgusto con sus interlocutores.