El director del Instituto Forense Turco, Keramettin Kurt, aseguró ayer que "un viceministro y unos generales españoles" le pidieron a fines de 2003 asumir la responsabilidad de la confusión por la mezcla de cadáveres y restos humanos tras el accidente del avión Yak-42 en mayo del mismo año. Los enviados españoles al lugar del siniestro, en la ciudad costera de Trabzon, retiraron los cuerpos rápidamente, sin verificar sus identidades, lo que dio lugar a un calvario para los familiares de las víctimas, al comprobar poco después que las identificaciones eran erróneas. Sin embargo, dos meses después de la tragedia las autoridades turcas tomaron la precaución de tomar muestras de ADN de los restos hallados en el lugar donde impactó el Yavkolev que se revelarían de gran utilidad con posterioridad para establecer la ficha de las víctimas.

En el accidente, ocurrido el 26 de mayo de 2003, murieron 62 militares españoles, en su mayoría destinados en la Base Aérea de Zaragoza, que regresaban de Afganistán. Su avión, un Yak-42 de una compañía ucraniana, se estrelló en las montañas de Pilav cuando realizaba la maniobra de aproximación al aeropuerto de Trabzon, donde debía repostar.

En una entrevista exclusiva con el diario turco Milliyet, uno de los más difundidos en Turquía, Kurt afirma que es la primera vez que revela esta petición de funcionarios españoles a los que solo identifica como "el viceministro de Defensa y unos generales", sin precisar sus nombres.

Kurt dijo a la periodista que le entrevistó, Sukran Pakkan, que no recuerda sus nombres y que no guarda notas de esa entrevista porque era "una cita no planificada".

El artículo donde aparece la entrevista lleva como título La inmoral propuesta española al Instituto Forense turco. El responsable médico afirma textualmente que "es la primera vez" que va a hacer revelaciones. "Hasta ahora me lo había guardado", añade.

Según Kurt, que tres años y medio después sigue al frente del Instituto, en el momento del accidente, los funcionarios españoles que se presentaron en el lugar de los hechos querían abreviar al máximo los trámites de identificación de los soldados y que le dieron algunas identidades no confirmadas a sabiendas.

"Los españoles querían hacer las pruebas de ADN en su país, pero tenían que esperar hasta que terminara la identificación de los cadáveres. Sin embargo, insistieron y les dimos todos los cuerpos firmando un documento. Se habían establecido las identidades de 32 soldados", dice.

"En los otros cadáveres, sencillamente, pusieron unas pegatinas con los otros nombres. Pensaron que ´el muerto, muerto está; nadie va a indagar más´", aseguró Kurt.

Meses más tarde, "a fines de 2003", el responsable forense recibió la visita del "viceministro de Defensa y de unos generales españoles".

"Vinieron a mí para librarse del escándalo. Estaban metidos en un buen lío. Nos rogaron de este modo: ´Fue un error, por favor firmad este papel y nos quedaremos tranquilos´", agregó el responsable forense.

"Firmad este papel para reconocer que el error es vuestro", fueron las palabras que, según Kurt, pronunciaron los dos enviados españoles. "Entonces yo les dije que era imposible y que ya nos habíamos opuesto desde el principio" a entregar los cadáveres sin proceder antes a su identificación, manifestó Kurt a la entrevistadora.

El director del Instituto también alude al cambio de gobierno producido en España en 2004 y a la apertura de un proceso judicial para establecer responsabilidades sobre lo sucedido.

"Se han abierto muchos procesos por compensaciones. Si hubiéramos hecho lo que nos pedían, habrían salido absueltos y nos tocaría a nosotros pagar esas costosas compensaciones", explicó, justificando así su actitud en aquella entrevista mantenida en el año 2003.