"Si esta ley se aplica bien no solo beneficiaría a las personas dependientes sino a sus familiares y cuidadores más directos: todos serían menos dependientes. Y eso es muy importante". Mariano Allué tiene 25 años y las ideas muy claras. Su esfuerzo personal y el apoyo de su familia le han permitido ganar un pulso a la parálisis cerebral que padece desde su nacimiento. Años y años de rehabilitación le han permitido mantener un cierto nivel de movilidad, que afortunadamente para él se mantiene. Acaba de licenciarse en Derecho por la Universidad de Zaragoza y trabaja en el Centro de Atención Telefónica de Disminuidos Físicos de Aragón (DFA).

"Para trayectos cortos utilizo muletas pero para desplazarme por la ciudad uso la silla de ruedas o una scooter eléctrica. Mi nivel de afectación no es grave, y he logrado mantener un cierto grado de autonomía personal". Sí que necesita apoyos para bastantes cuestiones del día a día, que ahora solventa con el apoyo de sus padres y hermanos. "La Ley de Dependencia ha ilusionado a todo el colectivo. El mayor logro sería tener más autonomía personal. Es una buena oportunidad y un alivio para muchas familias. Además se crearán puestos de trabajo, con cuidadores profesionales, que asumirán la labor de la atención. Ahora me dará menos miedo envejecer", concluye.