María Pilar siente un amor infinito hacia su marido. Sus fuerzas ya no le acompañan como antes pero ella insiste en seguir cuidándole hasta que no pueda más. Desde luego agradecería más apoyo social o incluso no rechazaría poder ingresar junto a su esposo en una residencia. "Aurelio va a cumplir 82 años y hace cinco, sufrió un infarto cerebral que le dejó medio cuerpo paralizado". Desde entonces, María Pilar, de 74 años, ha pasado a ser su sombra. Al principio, y con ayuda de una silla de ruedas, lograban dar un paseo, aunque bajar a la calle era una odisea, porque no tienen ascensor, ni existe espacio para instalarlo. Pero desde hace un tiempo su marido ya no sale de casa. Cuenta con el apoyo de sus dos hijos varones, ya independizados, y con un servicio de ayuda a domicilio de tan sólo una hora a la semana de 11 euros, que ella misma paga, para que le ayuden a bañar a su marido en la bañera. (Las horas que le correspondían del programa respiro del consistorio ya se le agotaron). Ella se levanta a las 6.30 de la mañana para tener todo preparado. A las ocho lava a su marido en la cama, lo viste y lo sienta y le atiende todo el día. Hasta las 1.00 de la madrugada en que le cambia el último pañal. "Estoy agotada. Me dicen que me estoy encorvando. Pero si te toca, ¿qué vas a hacer? Además somos tantos los que necesitamos apoyo, que no hay dinero suficiente", señala. Y se conforma.