"Esto es un cacao", exclamaba un viajero que esperaba partir en uno de los siete autobuses concentrados en la calle Hernán Cortés. Una situación que en la tarde de ayer se repitió en diferentes puntos de Zaragoza. Y es que, tras nueve días de fiesta, la ciudad despidió a los miles de turistas venidos de diferentes puntos de la geografía española. Tantos eran que incluso fue necesaria la presencia de la Policía Local.

"Este es el cuarto año que vengo", declaraba Marta. "Siempre hay mucha gente pero el caos de este año es la primera vez que lo veo", añadía mientras buscaba desesperada el autobús que le llevara de regreso a Madrid. Marta viajó hasta Zaragoza el pasado jueves acompañada de dos amigas más, Paloma y Cristina. Sus caras reflejaban la intensidad de las fiestas. "Tantas horas sin dormir pasan factura", afirmaba Paloma. "Solo esperamos subirnos al autobús y dormir sin parar hasta Madrid", apuntaba.

Para los catalanes Pablo y Fernando estos han sido sus primeros pilares. Aseguran que volverán. "No habíamos estado nunca en la ciudad y nos ha gustado mucho", decía Fernando. "Vinimos a casa de un colega que es de aquí y como él se lo conoce todo hemos estado por todas partes", señalaba Pablo. Lo que más les ha gustado, manifestaban, "las ganas de pasarlo bien que tiene la gente y el buen ambiente que se respira en las calles".

Un programa de fiestas para todos los públicos ha sido otro de los reclamos. "Hay de todo: conciertos, actuaciones, teatro...", declaró Martín. Este oscense, como buen aragonés, disfruta de las Fiestas del Pilar desde hace más de 10 años. "Aunque no viviera cerca también vendría, estas son las mejores fiestas del mundo", concluyó sonriente.