Todos abandonaron disgustados La Misericordia, a pesar de la enorme expectación suscitada ante los victorinos y, al menos, ante uno de los espadas en litigio, Luis Francisco Esplá. Pero, al final, todo se fue al traste. El ganado no humilló, los toreros sintieron el peligro más cercano y el público increpó la actuación de los espadas y de los picadores, que rebajaron de manera excesiva la bravura de los astados. El tendido se decantó muy pronto por los toros y les aplaudieron en la salida y en el arrastre.

Ante tal descalabro, Esplá ofreció su particular visión de lo sucedido. "El toro de Victorino tiene ahora mismo un problema y es que no humilla. Un toro con esas facultades, esa forma de andar, que no agacha el morro y no sigue los engaños, es complicadísimo, casi imposible", apuntó. A la hora de plasmar la práctica sobre la teoría nombró a Barrera. "A mí se me puede cuestionar, pero se ha demostrado que ha habido un torero valiente, decidido, tenaz y con voluntad de triunfar, y no ha podido meterle el diente", expuso agarrando su capote con vuelta azul, lejos del amarillo por aquello de las supersticiones.

Idénticas sensaciones palpó Antonio Barrera. "La corrida ha sido muy complicada. Hay gente que no lo ha sabido ver, pero ha habido cinco auténticas alimañas de Victorino. Ha sido de las corridas con más sentido que he visto de esta ganadería". Y añadió: "allí está el maestro Esplá, con toda su técnica y oficio, y tampoco ha podido pegar ningún muletazo".

Salvador Cortés fue el único que se marchó con el aplauso del tendido, gracias a la mayor voluntad de él y de su enemigo. "El sexto se ha dejado un poco más. Lo he cuajado bien y he estado a gusto. La pena es que no me hayan dado la oreja".