Loquillo se encargó ayer de la doble tarea de poner punto final a las fiestas, en lo musical, y dar paso a los fuegos artificiales que las despidieron definitivamente. Y lo hizo como solo él sabe, con rock and roll.

Antes de él actuó Gabriel Sopeña, un compositor zaragozano que para los pocos que miren los títulos de crédito de las canciones no necesitará presentación. Para los que no lo hagan, bastará con reproducir la frase con la que le introdujo Joaquín Guzmán, el presentador de La Rockola en Aragón Radio: "El hombre que ha compuesto el pop-rock aragonés en los últimos tiempos". Sopeña no dio apenas tiempo a saborear sus canciones, ya que solo tocó cinco, pero hubo momentos de especial emotividad cuando dedicó una de ellas al recientemente desaparecido Guillermo Martín. Antes de irse, Sopeña dejó claro quién era interpretando Apuesta por el rock and roll.

Después llegó Loquillo y sus Trogloditas, de los cuales había formado parte el citado Martín, y arrancó dejando claro que nadie puede matar su Rock and roll actitud. Con su peculiar estilo y sus exagerados gestos sobre el escenario, nadie puede tener duda de ello. Las canciones del Loco hicieron las delicias de sus fans, ya que a pesar del buen sabor de boca que dejó Sopeña la plaza estaba llena por él. Y así se lo hicieron saber con sus coros y sus aplausos, antes de que como antiguamente, que dijo Guzmán, llegara "el fin de la doble sesión con fuegos, como antiguamente".

TENSIÓN EN EL CENTRO DE HISTORIA Por otro lado, en la carpa para baile con orquesta instalada en el Centro de Historia se vivieron momentos tensos en la noche del sábado, al haber tomado los responsables la decisión de quitar las sillas sin haber informado previamente a los ciudadanos, que en los días anteriores habían contado con ellas.

Mucha gente mayor pidió explicaciones y se le indicó que podía esperar en la plaza de San Agustín, donde se encontraban varias dotaciones de la Policía local, a que llegara algún miembro de la junta organizadora para explicar la retirada de las sillas. La gente esperó en vano esta llegada y al filo de las 24.00 horas se marchó sin incidentes tras recibir finalmente una vaga explicación acerca del aforo.

Algunas personas como Manuel Cartagena, que se encontraban en ese trance, explicaron a esta diario haberse sentido víctimas de desconsideración por parte de los responsables.

A este respecto, la teniente de alcalde de Cultura del Ayuntamiento de zaragoza, Rosa Borraz, señaló: "Lo que me han contado es que en el Centro de Historia no se sabe cómo acertar. Si pones sillas, que no quieren sillas. Si no ponen sillas, que no las has puesto. Ahí habrá que hacer una evaluación sobre lo que pasó y las pautas a seguir". Manuel Cartagena asegura haber estado tres noches de la pasada semana en el mismo festejo y que no vio a nadie quejarse los días que hubo sillas. Sólo el sábado, cuando las quitaron, surgieron las protestas.