No hay ninguna comunidad autónoma en España con tanta facilidad para defender en la calle sus intereses como la de Aragón. Es la que más cuestiones y asuntos ha esgrimido en forma de pancarta desde que llegó la democracia, cuando ha visto que los cauces parlamentarios y administrativos se agotaban y se percibían agravios. Movilizaciones por el agua, por los trenes, por la autonomía plena, por las zonas deprimidas, por las carreteras, por el antimilitarismo, por la violencia terrorista o por las guerras, han ido jalonando la cronología democrática de Aragón. Y todas ellas se suelen caracterizar por la unanimidad y la masiva respuesta de los ciudadanos.

No hay precedentes en otras comunidades autónomas que, aunque también tendrán sus conflictos con la Administración central, son más reacias a mostrar su descontento en la calle. Eso no quita para que en otros lugares también haya concentraciones, aunque estas no se circunscriben tanto a problemas relacionados con la particularidad de su territorio, pues protestan por cuestiones más genéricas. Es el caso de Andalucía, donde las manifestaciones laborales son muy habituales, del País Vasco, donde el terrorismo copa el ránking de movilizaciones ciudadanas multitudinarias --los grupos abertzales también se manifiestan aunque de forma partidista pidiendo la independencia-- o de Cataluña, que también se ha manifestado reclamando más autogobierno, aunque sin hallar la unidad de partidos y agentes sociales. En otros lugares, esto se limita a ocasiones concretas y por determinados acontecimientos, como en Galicia, que a finales del 2002 copó las calles tras el hundimiento del Prestige y creó el movimiento ciudadano de Nunca Mais.

El paradigma de las manifestaciones en Aragón han sido las polémicas hidráulicas y las reivindicaciones autonomistas. La reapertura del paso ferroviario internacional del Canfranc, el túnel del Somport, el desdoblamiento de la N-232 por Alcañiz o la autovía por Daroca son reivindicaciones de infraestructuras continuamente plasmadas en protestas callejeras pacíficas. Otras veces, la reivindicación de la dignidad de Teruel se plasmó en una plataforma ciudadana que se ha convertido ya en una frase hecha en el vocabulario español: Teruel Existe, que reclama dotar a una de las provincias más deprimidas de España de las infraestructuras imprescindibles.

La próxima manifestación a la vista puede tener un nuevo protagonista: los bienes eclesiásticos que retiene el obispo de Lérida a pesar de que el Vaticano le ordena devolverlos a Barbastro. Los partidos aragoneses --salvo IU-- se han mostrado partidarios de convocarla y los 24 municipios altoaragoneses con piezas en Lérida pueden sumarse a esta iniciativa en una asamblea que se celebrará este miércoles. A falta de concretar detalles, esta manifestación también se prevé multitudinaria.