Quien no necesite una capilla y el boato religioso para firmar un compromiso con su pareja o rehúya las sombrías salas de los juzgados para hacerse con un libro de familia, dispondrá de alternativas flanquedas de canales en un escenario de celebración y rodeado de propuestas lúdicas. Quizá Ranillas se convierta en el referente de las bodas zaragozanas. La Expo dedica a esta iniciativa más espacio que la plaza del Pilar. Confiemos en que no surjan celos. Periodista