Las márgenes del Ebro están teniendo comportamientos dispares en este otoño. Las primeras lluvias han disparado las aportaciones de los afluentes que llegan al Ebro por la izquierda hasta el punto de que los embalses de algunos sistemas, como el Gállego, resultan insuficientes para retener toda el agua que les llega. Y, al mismo tiempo, el caudal de varios ríos tributarios por la derecha se encontraba ayer por debajo del mínimo necesario para garantizar su equilibrio ecológico.

Esta última situación se deba ayer a mediodía en el río Piedra a su paso por Carenas, a donde llegaba con 140 litros por segundo cuando el caudal de seguridad está fijado en 340; en el Huerva en Mezalocha, al que le faltaban 20 litros para llegar a los 110 por segundo necesarios para asegurar sus demandas ecológicas; en el Martín, que pasaba por Híjar con 40 litros menos de los 280 que requiere su ecosistema; en el Pena, por el que circulaban en Valderrobres 20 litros cuando el mínimo ambiental es de 30, y en el Matarraña en Nonaspe. La situación de este río era especialmente crítica, ya que únicamente portaba 30 litros en un tramo que tiene fijada una necesidad de 350.

Otros cauces presentaban situaciones similares. Es el caso de Aranda, que llegaba con 50 litros por segundo a Maidevera, una zona en la que requiere 40.

Las aportaciones de los ríos que bajan del Pirineo y de las sierras oscenses están, por el contrario, experimentando una notable animación que se ha traducido en un incremento de las reservas. El parte de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) señalaba ayer que los pantanos de la cuenca tenían embalsados 338 hectómetros cúbicos de agua más que hace siete días. La práctica totalidad de ese agua se encuentra en los embalses de la margen izquierda y en el eje del Ebro, donde Mequinenza y Ribarroja recogen toda el agua que no se puede aprovechar en los sistemas fluviales aragoneses.

Una parte de los 65 hectómetros cúbicos de agua que recibió la semana pasada el mayor pantano del Ebro provenía del Gállego, cuyo sistema de embalses se reveló insuficiente para almacenar los caudales que aportó el río en su primera crecida después de dos años de sequía. Ayer, Búbal conservaba 52 hectómetros y estaba lleno al 88%; Lanuza, con 16, llegaba al 94%, y La Peña se encontraba, con 15, lleno. La Sotonera ganó 32 por la crecida.

LAMINACIÓN Sin embargo, el eje Lanuza-Búbal solo fue capaz de laminar 10 de los 20 hectómetros cúbicos que le llegaron. Ocho salieron por los aliviaderos y 2 fueron turbinados. No obstante, sí sirvieron para evitar que la crecida causara ningún daño: la punta de entrada llegó a 294.000 litros por segundo, mientras que el mayor chorro de salida fue de 124.000. Lo redujeron a menos de la mitad, aunque Búbal estuvo virtiendo durante 74 horas.

La Peña y Ardisa laminaron 15 hectómetros de los 26 que les llegaron, con una punta de 173.600 litros por segundo.

Durante la semana pasada, las reservas de Mediano y el Grado crecieron en 100 hectómetros; las de Yesa, en 46, y las de Barasona, en solo 5. Las del Noguera Ribagorzana aumentaron 30.