El año que ahora acaba se presentó como la fecha que iba a cambiar el rumbo, aumentar la velocidad y hacer crecer la autoestima de los aragoneses. El 2008 llegó mucho antes de que las campanadas de hace 362 días marcaran su inicio. Y nació en París, el mismo día en que el BIE decidiera que Zaragoza sería el escenario para albergar la Expo del segundo centenario de la Guerra de los Sitios. Se colmaron las ilusiones, las esperanzas y, efectivamente, Aragón dejó de ser la comunidad autónoma que se regocijaba en sus desánimos para vivir un verano (con su preludio) de permanente fiesta.

Pero con el otoño, la tormenta que preconizaba Amaral en la megafonía de Ranillas llegó en forma de ERES, inflación y una crisis como nunca antes se había conocido. Ni en Aragón ni en ningún rincón del mundo. La euforia que durante unos meses permitió disfrutar a ciudadanos y políticos se disolvió en la temida crisis, de devastadores efectos. Así, los doce meses de un año para la historia quedaron partidos en dos: los de la alegría y, tras el verano, los del desánimo.

Hubo noticias políticas de calado. Una de ellas, sin duda, bien destacada: el inesperado anuncio de Marcelino Iglesias de no volver a presentarse a las elecciones a la presidencia del Gobierno de Aragón. Y lo anunció tras triunfar en el debate de la comunidad y poco después de que fuera reelegido por aplastante mayoría secretario general de los socialistas aragoneses. A su anuncio, dos adioses más esperados: el de Bizén Fuster como presidente de CHA y el de Gustavo Alcalde como líder del PP. Reemplazados por Nieves Ibeas y Luisa Fernanda Rudi, respectivamente, ambos partidos iniciaron el lento camino de su remontada, a pesar de que en marzo aún tuvieron que pagar la penitencia de perder unas elecciones. Esta vez fueron las generales, en las que el PSOE volvió a consolidar su hegemonía en la comunidad autónoma.

Mientras IU celebraba su mantenimiento de votos y los principales líderes de la formación en Aragón reforzaban su posición a nivel federal, la coalición entre el PSOE y el PAR mostraba sus primeros síntomas de desgaste. No pasaron de ser inducidos gestos de cara a la galería, pero dejaron claro que el escenario en la próxima convocatoria electoral del 2011 podrá cambiar.

PERIODO LEGISLATIVO El primer año con nuevo Estatuto nació con las competencias de Justicia transferidas y con un desarrollo del autogobierno todavía lento. Las Cortes de Aragón, en el que tal vez sea el año desde su constitución con menos sesiones plenarias, apenas recibieron iniciativas legislativas. Y se siguen esperando leyes reivindicadas, como la de Lenguas, la de Urbanismo y Ordenación del Territorio, o la de la Cámara de Cuentas. Viejas promesas que deberán esperar, como mínimo, otro año. También se aguarda una solución definitiva con viejas demandas que enfrentan a diversos territorios: desde el bizantino pleito por las obras de arte sacro que permanecen en un museo de Lérida al litigio con el Estado por las mermas tributarias. Mientras se está a la espera de encontrar una solución, la cuenta suma y sigue.

Las relaciones con el Gobierno central, por otra parte, se han enfriado, y las pretensiones territoriales han continuado en forma de infraestructuras que siguen sin llegar. En este caso resulta paradigmático el caso de Teruel, que ha vuelto a sufrir el bofetón de una autovía que sigue siendo un simple papel en un cajón del ministerio. Su pretendida conexión con Madrid ha tropezado con un informe de impacto ambiental que la hacía inviable. Tras titubeos de la Administración central, ha surgido el compromiso de buscar una alternativa que permita a Teruel dejar de ser la última capital de provincia española sin enlace directo con Madrid. Y en cuanto al ferrocarril, se siguió hablando de plazos sobre la Travesía Central del Pirineo, que por primera vez tuvo dotación europea. Y el AVE funcionó puntual, pero sin bonos para los aragoneses. Mientras, siguió la sangría en la N-II y la N-232. No todo han sido malas noticias en infraestructuras ni mucho menos. La nacional dejó de cruzar Monzón y la autovía Pamplona-Huesca-Lérida avanzó en sus obras. Además, se inauguraron las Cercanías en Zaragoza, se inició la electrificación de la línea a Teruel y se alcanzó un pacto para suavizar el peaje de la AP-68 y la AP-2.