Abrumadora respuesta la que salió ayer de las urnas de Autobuses Urbanos de Zaragoza (AUZSA). La plantilla acudió de forma masiva a votar en el referendo que exigió el alcalde, Pedro Santisteve, y la responsable de Movilidad, Teresa Artigas, para decir un contundente no a la última oferta de la dirección para poner fin a 111 días de huelga. De los 1.193 trabajadores llamados a votar depositaron su papeleta 987 --un 82,73%--, de los cuales tres de cada cuatro rechazaban la propuesta. Fueron 735 votos negativos, un 74,47%; frente a los 231 pidiendo el final del conflicto, un 23,4%; y 21 en blanco, un 2,13%.

Así se zanjó la consulta a la plantilla que deja dos cuestiones claras: que la huelga continuará hoy y que ahora depende de la dirección --y del propio ayuntamiento-- que lo haga sin reuniones a la vista para retomar el diálogo y con los usuarios muy hartos del perjuicio sufrido.

Entrando en profundidad en las cifras llama la atención la diferente percepción que tenían entre los conductores y el personal de taller, con respecto a los técnicos y administrativos. Los primeros votaron 941 de los 1.127 posibles, con 727 en contra de aceptar la oferta (un 77,25%) y solo 200 a favor (un 21,25%). Entre los segundos ganó ampliamente poner fin a los paros. Eso sí, eran menos. De los 66 que podían votar, lo hicieron 46, y 31 aceptando la paz (67,39%) por 8 votos negativos y 7 en blanco.

CONSECUENCIAS

El veredicto deja en una posición complicada al Gobierno de Zaragoza en Común (ZeC). Los usuarios del bus seguirán siendo los grandes damnificados de la huelga, pero la patata caliente se traslada desde cocheras a la casa consistorial. Porque obliga a los responsables de la gestión a tomar decisiones, a desatascar una negociación que la empresa ya adelantó que volvería a la casilla de salida y sin las condiciones que el consistorio había conseguido arrancarle tras más de cien días de paros.

Y con el añadido de que, un día antes de la cita con las urnas, la responsable municipal del Movilidad, Teresa Artigas, llegaba a afirmar que "si finalmente esta propuesta no era aceptada por los trabajadores, el Gobierno daría un paso atrás en la mediación y presión hacia la empresa pues entendemos que nada más podemos hacer". Rechazar la propuesta implicaría, decía, "alargar un conflicto con un enorme coste social y económico para la plantilla sin prácticamente ninguna perspectiva de que la continuación de la huelga sirva para mejorar lo conquistado", añadía en una carta abierta.

Hoy darán una valoración oficial, pero es de esperar la decepción por la oportunidad perdida. Y porque el comité salga tan reforzado. Pero queda en el aire su reacción, con la oposición acechando desde las críticas a su mala gestión del conflicto, su intervención tomando posición de parte en la negociación y, sobre todo, unos servicios mínimos durante los paros del 33% que todos los grupos municipales consideran insuficientes.

Sin embargo, ante esta situación política, la empresa resulta ser la gran beneficiada del rechazo de la plantilla al acuerdo. Sobre todo por su anunciada decisión de retirar su última oferta, y no volver a sentarse a hablar mientras no se desconvoquen los paros por parte del comité. Un contexto con el que ayer Anadón ironizaba: "Es una situación muy complicada. Si la dirección no quiere ceder y el ayuntamiento dice que no tiene nada que hacer, tendremos que llamar a los cascos azules o que venga Obama a Zaragoza". "No hay que hacer caso a esas jugadas tácticas para presionar. En una semana estará el convenio firmado, eso seguro", añadió, aunque se rechazara la oferta.

Por otra parte, para el comité de empresa el ayuntamiento debería replantearse su estrategia en la negociación, su actitud con la plantilla. Y más después de un resultado como el del referendo. "Debería haber sido más imparcial y no posicionarse como lo ha hecho forzando a aceptar este acuerdo", apuntó Anadón. Lo advirtió a sabiendas de que con el no ganando apuntaría directamente a ZeC y al alcalde.

El Gobierno ayer rehusó hacer declaraciones sobre el referendo. No así la dirección de AUZSA, que a través de su gerente, Manuel Ramo, lamentó el resultado e insistió en no volver a negociar hasta que se deconvoque antes la huelga. "No lo haremos porque consideramos que estos paros son ilegítimos", apuntó, ya que mantenerlos "solo es una herramienta de presión para seguir pidiendo más a costa de dañar a la ciudad, al ayuntamiento y a la empresa".