Amante confesa de la Atención Primaria, que ejerce con orgullo en Mas de las Matas, y enamorada por siempre del baloncesto, Eva Lacort, una de las capitanas del Azulejos Moncayo Helios de Liga Femenina 2, celebra el éxito de una temporada en la que su equipo ha firmado una brillante salvación, mientras observa la luz que se adivina al final del túnel en el plano sanitario. Ha sido un año «muy duro», admite la aragonesa. «Solo poder jugar ya ha sido un éxito porque la mayoría no ha podido hacerlo. Hemos logrado el objetivo: la salvación, y también el personal, que no era otro que compaginarlo con mi trabajo y, además, jugando todos los partidos sin lesionarme. Porque al principio me preguntaba si iba a ser capaz de rendir al máximo nivel sin que eso afectara a mi rendimiento laboral», reconoce.

Y su trabajo le ha costado. Cada día una hora y media de ida y otro tanto de vuelta desde Zaragoza a Mas de las Matas, donde consiguió plaza hace un año y medio en las oposiciones (aunque ahora cubre la zona de Castellote y ocho pueblos más) para después entrenar. Con la campaña ya concluida, ahora puede quedarse algún día en la localidad turolense «pero durante la temporada no lo pensaba, porque el baloncesto me llena y me compensa el esfuerzo. Es un hobbie sin remuneración, pero la mejor recompensa es la felicidad que te da. Esa sensación cuando ganas un partido no la puedo comparar con nada y, si además, perteneces a un grupo humano tan bueno y tan unido como el de este año, todo hace que te apetezca aún más».

El baloncesto como válvula de escape ante un virus al que ha mantenido a raya, si bien admite que la medicina rural «lo ha vivido de otra manera que a nivel urbano u hospitalario». Eva valora, en ese sentido, que «hemos podido prestar enseguida atención sanitaria a la población. Hay cosas que han cambiado, como las consultas por teléfono que, pese a que suponen más trabajo, son algo positivo. Ha sido un año muy duro laboralmente y ha habido que adaptarse a las circunstancias, pero en los pueblos hemos podido mantener esa accesibilidad», destaca entre vacuna y vacuna.

En su caso, la vocación deportiva se manifestó antes que la sanitaria. De hecho, «la medicina no ha sido una vocación que haya tenido desde pequeña, pero siempre me ha llamado la atención trabajar con la gente y estar cerca de ella; y creo que he encontrado mi sitio en el ámbito rural, donde el trato es cercano y estrecho». 

El flechazo con el baloncesto, sin embargo, llegó antes. «Recuerdo que iba a ver al antiguo CAI con mi padre y mi abuelo. Jugaba desde pequeña, pero mis mejores años deportivos fueron algo tardíos». Eso sí, su tolerancia a la derrota va de mal en peor. «Es que vivo muchísimo tanto las victorias como las derrotas. Duermo fatal cuando pierdo y luego voy a trabajar de medio lado», confiesa.

Todo fue más difícil al principio, cuando el estallido de la pandemia hizo volar todo por los aires. «Era un estrés tremendo ir a trabajar, algo que nunca me había pasado porque siempre había ido muy contenta. No sabías a lo que te enfrentabas y era duro, pero en esos momentos es cuando vuelve a surgir el baloncesto, donde no se habla de virus ni de vacunas. Solo entrenas y eres feliz pensando que eres una privilegiada por poder hacerlo».

Pero hay una palabra común al ámbito sanitario y deportivo sobre la que Eva coloca un acento muy especial: equipo. «En el trabajo somos pocos pero la relación es muy cordial y cercana entre los compañeros. Estoy muy contenta y eso ayuda a ir muy feliz a trabajar. El virus nos ha hecho unirnos más como equipo». 

Para el recuerdo quedan los malos momentos, como cuando tuvo que comunicar a los familiares de un contagiado que debía ser ingresado en el hospital «sin saber si iba a volver o no», aunque, por fortuna, «no hemos tenido muchas pérdidas, aunque sí casos, pero no en las residencias de por aquí y eso ha sido un gran alivio porque estos centros han sido las mayores ratoneras», indica. El virus también ha alcanzado a alguna compañera de equipo, lo que ha impuesto cuarentenas, pero Eva, como siempre, retiene solo lo positivo. «Hemos sido un equipo más que nunca», valora.