El deporte como salud, como integración, como transmisión de valores, como ruptura de barreras, como una puerta abierta para todos. Y así durante cuarenta años y con cuerda para rato. Todo eso y mucho más es María Luisa García Lacal, fundadora y presidenta del Adapta Zaragoza desde 1982.

Una poliomelitis a los cinco años le dejó unas secuelas que, por insistencia de su padre, quiso mejorar a través del deporte. Se matriculó en Medicina, conoció la asociación Frater que se dedicaba a la gente con discapacidad, coincidió en la autoescuela con otro afectado por la polio que iba a nadar a Helios... Y la inquieta María Luisa fue uniendo cabos, llamando a puertas de clubs e instituciones y dando pasos para crear un club deportivo.

«En Zaragoza no había nada. No había técnicos preparados, ni mentalidad en las propias personas con discapacidad, las familias, las instituciones, las instalaciones no estaban adaptadas», relata García Lacal, que no dudó en llegar hasta el final. «El único problema ha sido siempre que tienes que poner toda tu energía. Pero lo primero es creerte lo que estás haciendo y defendiendo, verlo claro e ir a por ello», asegura.

Lo primero fue un curso de natación en Helios, pero pronto el club empezó a crecer. La DGA les dejó el pabellón Salduba, que solo tenía unas empinadas escaleras de acceso. Una vez construida la rampa, allí se montaba un circuito de multideporte con pesas, baloncesto, fútbol sala. Después hubo que conseguir sillas para competir y enseguida surgió el primer equipo de competición, el de baloncesto. Y se ligó a la CAI, lo que les dio una gran visibilidad en unos años ochenta en los que el CAI era un referente. «El CAI de pie era un equipo potente a nivel nacional y cuando íbamos a cualquier sitio enseguida nos asociaban. Han sido más de 35 años con ellos, aunque nunca fue un patrocinio porque consideraban que estábamos mejor en la fundación, en la obra social».

En estos 40 años de vida, María Luisa García Lacal calcula que habrán pasado por el club más de 10.000 personas. Algunas, como Fernando Vila, estuvieron más de 25 años jugando al baloncesto. Otros han pasado unos meses para hacer una rehabilitación o readaptación. Han organizado todo tipo de competiciones a nivel nacional y han llegado a lo más alto con los deportistas paralímpicos.

«Los primeros paralímpicos de Aragón, que fueron a Barcelona 92, salieron todos de este club. Paz Montserrat, Regina Cachán, Marta Valencia, Begoña Reina, en natación, y Fernando Vila, de baloncesto», recuerda Marisa. Teresa Perales se lanzó por primera vez a una piscina tras su lesión en el Adapta y también Jorge Cardona empezó en el club.

Todo eso supone un gran esfuerzo de organización, de evolución y adaptación continua pero también económico. «Para un equipo en División de Honor hay que tener mínimo 300.000 euros para los fichajes, desplazamientos, técnicos. Un equipo como el nuestro que está en primera categoría, mínimo necesita 50.000 euros al año. Cada desplazamiento son 5.000 o 6.000 euros y, si vas en AVE, no puedes llevar las sillas porque no hay vagón de carga, hay que contratar una furgoneta aparte. Las sillas las ha comprado siempre el club hasta que tampoco llegábamos. Valen 4.000 o 5.000 euros, más el mantenimiento», relata la presidenta. Por eso reclama una mayor ayuda institucional que pueda arrastrar también el apoyo empresarial.

Pero el esfuerzo merece la pena. Y los objetivos siguen siendo ambiciosos. «El club se inició dirigido a personas con discapacidad física, al cabo de ocho o nueve años se abrió la puerta a la discapacidad intelectual en alguna modalidad. En la competición siempre va a estar la discapacidad física pero en lo demás puede estar todo el mundo. Ese es uno de los objetivos cuando nos decían hace años, si tuvierais un centro especializado… no, no, nosotros queremos estar donde está todo el mundo», razona García Lacal. 40 años después el Adapta está en competición, en el deporte salud, en los colegios, en los centros hospitalarios para los accidentados. Siempre adaptándose.