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MUJER Y DEPORTE

Marina Mata: dos pájaros de un tiro

Casi por casualidad, sumada a la tradición familiar, la aragonesa descubrió el baloncesto. Desde entonces, este deporte le ha permitido vivir ya muchas etapas distintas, en Utah o ahora en La Seu, en una carrera que acaba de empezar.

Marina Mata, en una imagen promocional con su nuevo equipo, el Cadí La Seu.

Marina Mata, en una imagen promocional con su nuevo equipo, el Cadí La Seu. / SERVICIO ESPECIAL

Arturo Pola

Arturo Pola

Zaragoza

Lo que empezó casi como una obligación, o mejor dicho, una recomendación médica, se ha acabado convirtiendo para Marina Mata en una forma de vida que no piensa abandonar. Cuando era solo una niña, con unos ocho años, la aragonesa sufría de constantes molestias de espalda para las que le recomendaron que hiciera deporte. Comenzó practicando natación, pero no le acabó de convencer y Marina encontró en el baloncesto la solución para sus dolores y para muchas cosas más. «En mi familia todos han sido muy de baloncesto. Mi abuelo y mis tíos han jugado en el Barbastro y casi todos mis primos lo practican también», detalla Mata, profundamente orgullosa de sus orígenes.

Al principio el baloncesto era tan solo «una extraescolar», pero poco a poco el balón y la canasta fueron convirtiéndose en algo más, algo por lo que incluso había que apostar y tomar decisiones muy difíciles y que no se suelen tomar en edades tan tempranas. Marina jugó en el Barbastro hasta los 14 años, pero cada día destacaba más y más. Su rendimiento llamó la atención del Segle XXI, un club catalán que le ofreció la posibilidad de continuar su desarrollo en Barcelona. «Yo era muy pequeña y tuve muchas dudas, porque soy muy de mi casa y muy de mi gente. Puse las cosas buenas y las malas sobre una balanza y al final pensé que quería intentarlo», rememora Mata.

Dicho y hecho. La barbastrense se desplazó hasta la ciudad condal y fueron años, un total de cuatro, en los que «progresé muchísimo. Jugar cada semana contra las mejores jugadoras de España de tu edad te obligaba a intentar superarte cada día. Habla Marina con un mucha humildad, pero entre las mejores de España estaba ella y por ello las categorías inferiores de la selección se fijaron en ella muy pronto. «Fui por primera vez a los 14 años, después estuvieron un tiempo sin llamarme, pero ya las últimas veces me han vuelto a convocar», relata la aragonesa. Fruto de esas llamadas, Marina Mata se ha llevado valiosas experiencias «de esas que guardaré siempre en mi mochila» y, dicho sea de paso, una buena colección de éxitos, como una medalla de plata en un Mundial U17 o una de bronce en un Europeo U18.

Llegó el año en el que la de Barbastro cumplió 18 años y ante sí, de nuevo, el dilema de cómo y dónde continuar su camino. A Marina se le abrió la posibilidad de irse becada a Estados Unidos y pensó que era una oportunidad «que no podía dejar escapar» y si no se lanzaba sentía que se iba a «quedar con esa espinita». No había duda entonces, hasta la universidad de Utah se desplazó y allí, a la vez que empezó la carrera de Psicología, siguió evolucionando en su baloncesto y creciendo como persona. «Ha sido un año duro, me he sentido sola en muchas ocasiones, lejos de los míos. No me arrepiento para nada de haber ido, pero sentí que no era lo que quería para mí», reflexiona la aragonesa.

Aunque la beca era de cuatro años, Marina regresó este verano a España sabiendo que proposiciones no le iban a faltar. La que más le convenció fue la del Cadí La Seu en lo que está siendo su primer contacto con el baloncesto profesional «El nivel en la Liga Femenina Endesa es totalmente diferente a lo que estaba acostumbrada. Mis compañeras me hacen mejor cada día y estoy mejorando un montón», explica una Mata que este viernes tuvo sus primeros minutos ante el Gernika: «El entrenador me recalca que está muy contento conmigo, pero de momento todos los partidos han sido muy igualados. Espero con muchas ganas que llegue mi momento».

Por tanto, cabe la posibilidad de que la aragonesa se enfrente ya este año al Casademont Zaragoza, club en el que le encantaría jugar algún día. «Sería una pasada. El Casademont está haciendo un trabajazo. Jugar en el equipo de tu tierra... pero solo tengo 19 años, no he hecho aún nada y no estoy todavía preparada», afirma Mata. Con esa mentalidad, seguro que lo conseguirá. 

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