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Sheila González y el sueño de vivir la mejor Liga del mundo: "Hay que sacrificar muchas cosas de tu vida"

Lleva toda la vida jugando al fútbol sala y con 19 años sintió que era el momento de cambiar de aires. Dejó el Intersala y su vida en Zaragoza para jugar en el Castelldefels y de ahí firmó por el Penya Esplugues, donde tras años de intentos por fin logró el ascenso a Primera División en un final de ‘playoff’ agónico, categoría que está saboreando especialmente porque ha vivido lo que cuesta llegar.

Sheila González, durante un encuentro con el Penya Esplugues.

Sheila González, durante un encuentro con el Penya Esplugues.

Zaragoza

La historia de Sheila González es la de cualquier niña que cuando es pequeña y le da patadas a un balón en el patio del colegio sueña con jugar en Primera División algún día y que, con esfuerzo, perseverancia y amor por el deporte que practica lo acaba consiguiendo. Para muchas, muchísimas, solo es un sueño y no una realidad que se pueda cumplir. Por ello es un ejemplo. Y por eso mismo, porque sabe lo cuesta, más lo saborea y más empeño todavía pone para no bajarse de ese tren.

Comenzó a jugar a fútbol sala «desde que tengo uso de razón», tanto por vocación como porque «mi familia lo ha llevado siempre en la sangre», pero su madre se pensaba que iba a ser una moda y que «a ver si se me pasaba un poco». Al final, acabó apuntada en el equipo del colegio Agustín Gericó. Después marchó al Intersala y a las 15 años ya jugaba en Segunda Nacional. Un talento precoz.

Pero a los 19 años sintió la necesidad de dar un giro a su vida y firmar por el Castelldefels catalán: «Llevaba mucho tiempo en el Intersala, que es el club de mi vida, pero no sé si fue la edad o qué pero necesitaba un cambio de aires y no me lo pensé». Ahí estuvo tres años y después fichó por el Penya Esplugues, donde ha vivido, al fin y tras cuatro temporadas de intentos jugando el playoff, el ansiado y hasta ahora escurridizo ascenso.

Y solo podía ser de película, con esa magia que solo el fútbol sala tiene y que pocos (o ningún deporte) pueden igualar: «Es un recuerdo espectacular, con una ilusión y alegría que me pondría a llorar ahora mismo. Ellas (Vilalba) salen de cinco y en la primera jugada que hacen, que la teníamos vista y ensayada para defenderla, nos meten gol. Se nos cae el mundo y nos quedaba un minuto para marcar y al final, a 13 segundos, llegó. Era todo una fiesta, no nos lo podíamos creer», rememora.

"El ascenso es un recuerdo espectacular, con una ilusión y alegría que me pondría a llorar ahora mismo"

Sheila González

Así que esta temporada llegó al fin el premio que tantos años llevaba persiguiendo: el debut en Primera División, en la mejor Liga del planeta sin duda alguna. «Es la mejor categoría que hay en el fútbol sala mundial, hay muchísimo nivel y la experiencia está yendo muy bien, aunque es muy dura. No todo es tan bonito, entrenamos muchos días, muchas horas y hay que sacrificar muchas cosas de tu vida que sí podía hacer años atrás», confiesa.

Y ahí, en la máxima categoría, es donde pone al servicio del equipo sus cualidades. Se considera «muy exigente», no da «nada por perdido», es «fuerte y veloz» y, como sabe lo difícil que es llegar, su empeño es mantenerse, porque además también es consciente de que es «un orgullo y un privilegio»: «Estoy luchando por minutos y lo hago en cada entreno y lo seguiré intentando e intentando hasta que tenga todos los que pueda», asegura.

Ahora en Primera comparte vestuario con otra zaragozana, Laura Boix, y competición con futbolistas de la talla de Irene Samper y María Sanz, habituales internacionales y que vienen de disputar el Mundial con España, lo cual es una motivación para ella. «Recuerdo que estaba en el Intersala y yo las veía cuando era un moco y decía ‘ojalá llegar donde ellas’. Siento ilusión y admiración por pisar la pista con ellas», valora.

Sheila González da un pase en un partido con el Penya Esplugues.

Sheila González da un pase en un partido con el Penya Esplugues. / S. E.

El deporte femenino cada vez tiene más seguimiento y más repercusión y la Primera División de fútbol sala se ha subido también al tren y la apuesta cada vez es mayor. No es la Liga de hace unos años, hay más nivel, más partidos televisados, mejores condiciones y mucho trabajo detrás. «Hemos vivido tan olvidadas que no parecíamos nada», resalta Sheila (y con razón).

Pero ahora, añade, «está creciendo mucho y hay mucha más visibilidad. También se están haciendo grandes competiciones como el Mundial y me hace muchísima ilusión ver crecer el fútbol sala femenino».

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