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Mujer y deporte

Toñi Vicente, un flechazo de 100 kilos con la halterofilia: "Es lo más gratificante que puedes sentir"

La levantadora zaragozana fue una de las referentes de la halterofilia en España en el inicio del siglo XX y la mujer que todavía colecciona récords en Aragón

Toñi Vicente, a las puertas de la redacción de El Periódico de Aragón, minutos después de la realización de la entrevista.

Toñi Vicente, a las puertas de la redacción de El Periódico de Aragón, minutos después de la realización de la entrevista. / Pablo Ibáñez

Arturo Pola

Arturo Pola

Zaragoza

Hay tantos tipos de amor como tipos de personas y en esta semana de San Valentín merece la pena conocer y recordar la historia de Toñi Vicente y su pasión por la halterofilia. La zaragozana fue una de las pioneras y la mujer que más ha hecho por dar a conocer este deporte minoritario que, sin embargo, ha ocupado la mayoría de una vida que hubiera sido muy diferente sin él.

Y eso que la halterofilia llegó a su existencia tarde, a los 17 años, y, como las mejores historias de amor, por casualidad. Pero antes de todo ello, Vicente ya se consideraba una «fanática» del deporte. «En el colegio, el Ramón y Cajal, me apuntaba a todo. Me daba igual kárate, baloncesto, fútbol...cualquiera. Todos me encantaban», recuerda emocionada. Fue pasando por todos, pero en ninguno se quedó. Así que, en su adolescencia, y como «por aquellos tiempos los gimnasios no estaban tan de moda», Toñi quería seguir activa para «mantenerse en forma».

Entonces, un amigo suyo que ya practicaba halterofilia le animó a probar un día en el polideportivo Santo Domingo de Silos. Fue tocar la barra y Vicente sintió «un flechazo». «Es algo tan individual, algo tan personal y tan para ti que es lo más gratificante que puedes sentir. Sientes que todo lo que trabajas vale la pena, tiene su recompensa. Esa sensación me enamoró desde el principio», dice con sinceridad la aragonesa. Así fue como Toñi Vicente se enamoró de la halterofilia, pero es que todos los que la veían levantar peso alucinaban con los resultados que estaba consiguiendo con tan poco tiempo de entrenamiento. «Es verdad que desde el principio, no sé por qué, se me dio muy bien», explica con humildad. Así que el paso a la competición fue rápido y exitoso. Después de un año, trasladó su centro de entrenamientos a San Valero.

Casi desde sus inicios, los Campeonatos de Aragón fueron cayendo uno tras otro. «En realidad había cuatro chicas que participáramos, no muchas más», agrega de nuevo con humildad, casi poniéndose colorada. Pero es que en toda España tampoco había muchas que le tosieran. Hasta que llegó Lydia Valentín, claro. «Al principio le ganaba», dice con orgullo. «Pero desde el primer momento se veía que iba a llegar muy lejos. Tenía unas condiciones tremendas», dice Vicente, que compartió equipo con la medallista olímpica en el camino a los Juegos.

Pionera

Y eso que competía en inferioridad de condiciones, porque mientras muchas de sus rivales se preparaban en centro de alto rendimiento, ella entrenaba en su casa. «Al principio no teníamos ni la barra femenina y aquí en Aragón entrenaba con la de hombres. Peleé mucho hasta que compraron una», detalla la pionera. Tener menos medios nunca fue un problema para Vicente, que consiguió participar en competiciones a nivel europeo y mundial, el que había sido uno de sus grandes objetivos. Aun así, lo que recuerda con más cariño de toda su carrera es el reto de levantar 100 kilos en dos tiempos. «Fui la primera en conseguirlo en Aragón. Me acuerdo de todos los intentos, la primera vez que probé...Fue muy emocionante, más que conseguirlo», rememora.

Pero llegó un momento que Toñi Vicente perdió la ilusión. «Me quedé sin retos, me di cuenta que las ganas no eran las mismas, había conseguido todo lo que me había propuesto», reflexiona. Así pues, en 2015, acabó su carrera. Pero la barra sigue en su casa y de vez en cuando la aragonesa recuerda ese amor de juventud.

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