Claudia Munilla, luchadora de jiu jitsu: "Me desestresa, me da tranquilidad"
Su padre aprovechó el encierro del covid para meterle el gusanillo del jiu jitsu y desde entonces no ha parado. «He encontrado un modo de vida», dice esta zaragozana, ya con títulos y presencia internacional en este deporte, ya que ha ganado la World Cup en 2024 y fue segunda en la Europe Cup un año antes, además de ya dar clases de esta especialidad deportiva

Claudia Munilla ejecuta un movimiento de jiu jitsu. / RUBEN RUIZ
No es el jiu jitsu una especialidad deportiva muy extendida en España ni una de las artes marciales más conocidas, pero para Claudia Munilla (Zaragoza, 5-10-2007) la influencia fue directa, con su padre, Carlos, como gran culpable para que llegara a su vida este deporte de combate que abarca diferentes técnicas y en el que básicamente se intenta aprovechar la fuerza del rival para someterle y la habilidad y la agilidad priorizan sobre la fuerza bruta.

La luchadora zaragozana de jiu jitsu posa antes de empezar un entrenamiento. / RUBEN RUIZ
«Lo que más me atrajo es que una persona mucho más pequeña es capaz de ganar a una más grande en tamaño. Es mucho más importante para someterla saber hacer bien la técnica que pesar mucho o tener fuerza», dice Claudia sobre este deporte que supuso un antes y un después en su vida, que le ha llevado a ganar la World Cup en 2024 y a ser segunda en la Europe Cup un año antes, ambos torneos en Valencia y organizados por la FIJJD, la Federación Internacional de Jiu Jitsu Deportivo.
"En la cuarentena mi padre me engañó para empezar a entrenar con él en casa. Y ya no paré. Había hecho solo balonmano y no se me daba muy bien, pero vi que el jiu jitsu me gustaba mucho y que era buena»
Eso le llamó la atención cuando Carlos aprovechó el encierro en casa por el covid para que a Claudia le entrara el gusanillo por este deporte no olímpico. «En la cuarentena me engañó para empezar a entrenar con él en casa. Y ya no paré». Lo que no había conseguido con Sofía, la madre de Claudia, y con Paula, su hermana, lo logró con ella. «Había hecho solo balonmano y no se me daba muy bien, pero vi que el jiu jitsu me gustaba mucho y que era buena», añade.
"Casi vivo aquí en el gimnasio, me van a poner una cama pronto (sonríe). Me gustaría hacer competiciones mucho tiempo y poder vivir de esto, que solo se puede hacer siendo muy bueno, abriendo tu escuela o dando muchas clases»
Empezó entonces, con casi 13 años para ella y mientras el covid paralizaba el mundo, una pasión para Claudia. «He encontrado un modo de vida que deseo que me acompañe siempre, no quiero soltarlo», proclama. Desde entonces, el gimnasio Indesport, en el barrio de Las Fuentes, se ha convertido casi en su segunda casa. «Casi vivo aquí en el gimnasio, me van a poner una cama pronto (sonríe)». Y es que esta zaragozana que estudia un grado superior de Acondicionamiento Físico lo ha puesto en el centro de su vida desde entonces.

Claudia Munilla, en el gimnasio Indesport donde entrena. / RUBEN RUIZ
A las horas de entrenamiento, entre cuatro y cinco días a la semana, le suma las clases que ya da de este deporte, que atrae mucho más a los chicos, ya que no hay demasiadas chicas como Claudia practicándolo, si bien la cifra va en aumento. «Me desestresa, soy muy nerviosa y no paro quieta y con el jiu jitsu he aprendido a relajarme y controlar, me da tranquilidad. Eso me aporta sobre todo».
De momento, es cinturón azul con tres grados (cada color tiene cuatro) y su idea está fija en llegar al negro, que ya tiene su padre hace años: «Me gustaría hacer competiciones mucho tiempo y poder vivir de esto, que solo se puede hacer siendo muy bueno, abriendo tu escuela o dando muchas clases».
El 'problema' del peso y el apoyo
De momento compagina esos entrenamientos con los torneos que disputa cada dos o tres meses para luchadoras de -55 kgs (hasta hace poco en -52), lo que le obliga a una disciplina con el peso que no siempre es fácil que se entienda. «Intento que la gente cercana me apoye. A veces es complicado que lo hagan, por ejemplo cuando tienes que dar un peso para competir y te dicen que no lo hagas o que inviertes demasiado tiempo en entrenar. A veces es difícil llevar los comentarios externos», dice con resignación, que no elimina la sonrisa que desde hace seis años y por el engaño de padre ilumina su cara. Ese cariñoso engaño llevaba para ella un modo de vida y toneladas de felicidad y esfuerzo.
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