Todavía faltan 20 días para Navidad, pero su espíritu ya lo ha invadido todo. Zaragoza es una de las últimas grandes ciudades de España en encender sus luces y abrir sus mercadillos pero, una vez llega diciembre, la espera desaparece. El pasado viernes se abrieron ya los puestos de la plaza del Pilar y su acogida durante este primer fin de semana ha sido notable. Este mismo domingo, a pesar del frío, del puente (para los que lo puedan disfrutar) y de que ya han abierto las estaciones de esquí, el corazón de la capital aragonesa estaba repleto de personas paseando.

«Bajamos todos los años por las rosquillas, y este año vemos que siguen las mismas. Aprovechamos la mañana, nos damos una vuelta y ya tomamos el vermú por el centro, que nosotros mañana trabajamos y no podemos llegar tarde a casa», decía una pareja, María José y Jesús, en el límite entre la calle Alfonso y la plaza del Pilar.

Las rosquillas de la firma vasca Sarrikola son todos los años uno de los productos más demandados del mercado de la plaza del Pilar. Su precio es de 15 euros el kilo. Les dan forma y las fríen al momento en una olla llena de aceite, lo que genera a veces esperas y filas para hacerse con este codiciado producto.

Cientos de personas pasearon entre los puestos del mercado navideño de la plaza del Pilar. Jaime Galindo.

En general, y más con el frío que ha hecho estos días, la comida en el mercadillo era este domingo a mediodía lo más demandado. Entre los puestos se puede encontrar desde caldo y vino caliente hasta crepes y chucherías pasando por bollos preñaos (que los calientan al momento), quesos artesanos, embutidos, mieles, patatas fritas, chocolates y otros tantos productos, muchos de ellos delicatesen.

«A ver, no son productos para comprar todos los días, porque hay algunos que son un poco caros, pero están muy bien. Todos los años picamos algo. Y solo por el frío que deben de pasar los pobres tenderos está bien pasarse y arroparles un poco», reía otra joven, Teresa, que paseaba junto a su pareja y su hijo en un carrito.

Atracciones que triunfan

Y es que sí, había mucha gente pero muchos se limitaban a pasear más que a comprar, aunque hay puestos con más éxito que otros. En el de flores Aznar, por ejemplo, no pocas personas salían con una planta debajo del brazo.

El ocio es el otro gran atractivo del mercadillo navideño de la plaza del Pilar. En la fuente de Goya, el tobogán gigante para los trineos, que el año pasado no se montó, es seguramente la atracción más buscada. «Mira, mira. Que le toca a papá y al tato», decía una mujer a su hija mientras grababa con el móvil. Los ponis «ecológicos», es decir, de mentira, y la pista de patinaje también eran dos puntos concurridos de la plaza, así como la casita de Papá Noel, el lugar favorito de los más pequeños.

La decoración navideña de la plaza del Pilar ha vuelto a lo grande tras las ausencias del año pasado. Jaime Galindo.

«Está muy bonita la plaza, la verdad. El año pasado estaba más triste. Y al belén venimos todos los años a ver si encontramos alguna diferencia con respecto al año anterior», comentaban dos jubilados, Marisa y Arturo. No obstante, algunos visitantes echaban de menos que el llamado árbol de los deseos no ocupe este año un lugar central en la plaza del Pilar.

Hasta después de Reyes, el mercado navideño estará abierto de 11.00 a 22.00 horas todos los días, ampliando hasta medianoche los sábados y festivos.

Además, durante los próximos días se irán desarrollando diferentes actividades, como talleres de decoración de galletas, de instrumentos reutilizables y de adornos navideños, que se irán alternando con títeres de cachiporra, villancicos, pasacalles y coros, entre otras muchas hasta llegar al medio centenar.

Así, y aunque todavía queden dos semanas largas para la llegada de la Navidad, Zaragoza ya disfruta del espíritu de estas fechas tan señaladas.