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Un legado histórico en peligro

Averly, patrimonio (vivo) de la Zaragoza industrial

La venta del suelo de la antigua fundición dispara las alarmas sobre el futuro de la valiosa herencia que se aloja en su interior, huella de más de un siglo de historia

 

Cubilete vertiendo fierro fundido en el interior de la factoría de Averly, a finales del siglo XX, con numerosos moldes para fabricar piezas. - Foto: MARIANO CANDIAL / CARLOS BLÁZQUEZ

D. LÓPEZ
14/04/2013

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Fotogalería: El legado de Averly.

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Zaragoza afrontará durante los próximos meses el reto de demostrar que es capaz de pelear por el patrimonio histórico que le pertenece. El legado de Averly va más alla de unas instalaciones que han pasado a manos privadas con la venta del terreno. Se aloja en su interior, en los materiales y hasta en las paredes de esa antigua factoría que se levantó en 1880 en la antigua ronda del Campo Sepulcro. O en los documentos que atestiguan cómo fue la Zaragoza industrial del siglo XIX, su evolución hasta nuestros días, sus cambios en los modelos productivos, empresariales y energéticos... Una huella en el centro de la capital que, como otras muchas lo hicieron antes, lleva camino de sucumbir a la piqueta si nadie (instituciones y ciudadanos) lo evita. El problema para la ciudad, y para Aragón, es que esta puede ser la última. Y que, después, ya será tarde.

La importancia de la firma Averly en la industrialización de Zaragoza y Aragón está más que demostrada. Muchos autores han escrito sobre ello. Su influencia y su participación en hitos históricos como el estreno de la primera línea de ferrocarril de la comunidad autónoma (Zaragoza-Gallur), su colaboración con la familia Escoriaza en la implantación del antiguo tranvía, su apuesta por la energía térmica y la empresa de Isaac Peral (Electra Peral), la llegada de la electrificación y cómo algunas empresas, como ella misma, se autoabastecían de suministro, la importancia del agua y del Canal Imperial para sacar adelante una producción que, en su caso, tuvo la virtud de diversificarse para poder expandirse; o cómo la capital aragonesa sacó rendimiento de su posición estratégica en el mapa de España. Quizá rescatarlo sirva para aprender en el futuro, ya lo está haciendo en el presente. Porque el pasado que no se conserva se reduce a ser solo eso, pasado.

Precisamente fue su disponibilidad de agua y su buena comunicación lo que movió al ingeniero francés Antonio Averly a desembarcar en la capital aragonesa desde Lyon. En un momento en el que la base agraria de la región posibilitó la implantación de una industria agroalimentaria, fundamentalmente la harinera y azucarera, y un sector metalúrgico que permitía cubrir sus necesidades.

El problema en sus inicios en Zaragoza, en 1863, era que no disponía de fundición propia y debía echar mano de otras empresas. Por eso contaba con ocho trabajadores en su primer taller de la calle San Miguel. Pero Averly rompió con un modelo de empresa muy atomizado en Zaragoza en el que el 70% tenía menos de cinco empleados. A finales del siglo XIX ya tenía más de cien y en los años 20, más de 200.

En 1875 se unió a la sociedad Juan Mercier y en 1876 forma parte de Averly, Montaut, Bardey y Cía con talleres en la calle de la Torre. Pero es en 1880 cuando da el salto en solitario con su traslado a sus nuevas instalaciones de Campo Sepulcro, junto a la vieja estación del Portillo y muy cerca de Escoriaza, a quien luego le suministró muchas piezas para los primeros tranvías de Zaragoza y ferrocarriles para Aragón. De hecho, en sus naves aún se conservan algunos de esos primeros bogies, sobre los que se montaban los vagones de esos trenes.

El fundador, Antonio Averly, dio paso al cambio generacional en 1903, en un momento en el que la industria aragonesa atravesaba una coyuntura económica excelente. La dirección pasó a sus hijos, para en 1912 acabar en manos de su hijo Fernando, como único dueño.

Seis años después pasaría a ser sociedad anónima (y a llamarse Averly, SA) siendo un ejemplo más de empresas que, tras la primera guerra mundial, adoptaron esta solución para subsistir. Faustino Bea se hace con su dirección durante más de 40 años, hasta que en 1960 le sustituye Guillermo Hauke Bea. En la actualidad, tras el fallecimiento de este, la propiedad se reparte entre su viuda Mari Carmen (50%) y dos sobrinos.

Averly guarda en su interior auténticas reliquias sobre el funcionamiento de una fundición que desde finales del siglo XIX proporcionó todo tipo de piezas y maquinaria. Son conocidas sus turbinas, maquinaria de vapor como apisonadoras que se usaban para el compactado de la zahorra en las carreteras, piezas para el ferrocarril y tranvías, e innumerables muestras de la metalurgia en Aragón y España. De hecho, también alberga un vasto archivo documental de publicaciones de principios del siglo XX en las que aparecían las novedades tecnológicas.

SECRETO También puede servir su legado para documentarse sobre cómo la industria se debatía entre la energía térmica y la hidráulica para abastecerse, o cómo le afectaban los puntuales cortes de agua del Canal Imperial, interrumpiendo la producción.

Fue, además, una de las primeras empresas capaz de autoabastecerse de suministro eléctrico. De hecho, sus instalaciones guardan un secreto inconfesable en el subsuelo de una de sus naves, un sótano en el que se encontraba la turbina que dotaba de luz a la factoría y que los dueños nunca desvelaron para evitar pagar el IBI correspondiente al consistorio.

En definitiva, abrir las puertas de Averly a los zaragozanos o a la comunidad científica y los visitantes sería una forma de poner en valor un patrimonio que, siendo privado, poca gente conoce. Es curioso cómo ha cesado su actividad en Zaragoza hace pocos meses sin que se haya apercibido nadie, o cómo se ha formalizado una venta de suelo en silencio incluso para la Administración. O, lo más grave, que haya habido que esperar a eso para pensar que quizá era un bien de interés que conviene preservar. Un reto que ahora la ciudad debe decidir si lo asume como propio y las instituciones trabajan en los medios para no ser cómplices de su extinción.

   
16 Comentarios
16

Por Escacharynoescrachar 20:03 - 14.04.2013

Que penita de ciudad. Pero claro, viendo a quien vota el personal, ya sabemos su nivel crítico y su cultura. Lo bueno es que hay quien rectifica y lo malo es que los hay orgullosos de su ignorancia. Averly es una joya que de estar en cualquier otro lugar de España, sería un lugar de peregrinación, pero esta tierra es Aragón, la de los paletos que construyen mamarrachadas para la Expo y les parecen maravillosas, pero dejan caerse a la Cartuja o menosprecian Averly porque sus naves no son de cantería o tienen bellas molduras. La memoria del trabajo no importa a muchos, se conforman con la de nobles, clérigos y militares y además hasta puede que se sientan cultos. Zaragoza no merece una joya como Averly y su destrucción pesará como una losa en la memoria de los ignorantes que por acción u omisión la dejarán desaparecer.

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Por Hernando 13:51 - 14.04.2013

"javier" #13, más pareces el arquitecto de la inmobiliaria. Se te ve el plumero.

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Por javier 13:41 - 14.04.2013

Si que por nada del mundo debemos dejar que tanto el jardín como la casa residencia de la familia la tiraran porque ese si será el bestijio de donde estuvo una gran empresa de fundición de zaragoza

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Por javier 13:38 - 14.04.2013

Pero seamos realistas...alguien se ha acercado para ver de que se esta hablando..las naves sus paredes son de adobe, las cerchas de madera y por el estado del tejado en muy malas condiciones y el tejado medio hundido a lo largo de las naves, lo que vale es lo que contiene su interior donde todas los moldes de fundición tienen su historia pero para exponerlas en cualquier otro espacio acondicionarlas en cualquier otro espacio porque si se valora de arreglar donde están, estamos hablando de muchos millones para habilitar algo que se tiene que tirar por el estado de ruina que presenta

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Por librepensador 13:19 - 14.04.2013

Ahora llega la hora de las lamentaciones y ayudas etc. para que tengan un entierro digno. Donde están todas estas Asociaciones que en tiempo y forma no presionaron al Ayuntamiento para que los cientos de miles de báculos, columnas y farolas,colocadas en Zaragoza por lo menos un 20% los hiciera Averly? Lo de siempre, aquí no nos acordamos de Santa Barbara ni cuando truena.

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Por Nina 12:43 - 14.04.2013

Es una obligación mantener el Patrimonio Histórico y Cultural. Es un testigo material de una época especialmente importante para el desarrollo económico e industrial aragonés.

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Por Prefiero estar vivo yo 12:32 - 14.04.2013

Mi caso es el siguiente: Comence a trabajar, con 14, años, cotice 10 en régimen general, 34 en autónomos, 9, meses en general, me despidieron, y ahora estoy subsistiendo, con 426 euros de subsidio por mayor de 55, puesto que no me pertenecía paro. ¿Sabria alguien decirme, cuando podre jubilarme?. He intentado volver a trabajar, pero con 60 años, a pesar de ser profesional en mi oficio y con 46 años de experiencia, es prácticamente imposible conseguir un contrato. Gracias a quien pueda responder a mi pregunta.

09

Por Inde 12:14 - 14.04.2013

O sea, vale, ¿queremos que sea un recurso para la ciudad pero que a la ciudad no le cueste un duro? ¿Solo escuelas y hospitales? Demagogos...

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Por funcionario cabreado 11:22 - 14.04.2013

Me parece muy bien que se mantenga ese patrimonio, pero que no le cueste ni un euro a los ciudadanos y por ende a la administración. Ya vale de tener edificios públicos pagados con el dinero de todos, que o están vacíos o no se utilizan. Dinero para educación y sanidad y menos inventos y ocurrencias.Si es privado que se lo apañen ellos.

07

Por . 11:06 - 14.04.2013

Una lastima, que el patrimonio industrial zaragozano se destruya y en cambio otras muchas jautadas se mantengan