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Sala de máquinas

La Barcelona del desahucio y la crisis, otra realidad

 

Juan Bolea Juan Bolea
22/11/2017

En estos días de posrepública, Barcelona despierta desangelada y menos guapa que antes, cuando era la niña bonita de Europa. Cierta inseguridad se ha apoderado de su población, dividida por el conflicto secesionista. Hay menos risa, menos mar, menos vida en una ciudad volcada con la comunicación y el diseño, pero que necesita volver a diseñarse a sí misma.

Hay, existía ya, otra Barcelona distinta, más dura y cruel, menos vistosa. La que se agazapa entre las lacras de la sociedad, al filo de la desesperación y el desamparo, de la rebelión y la rabia. No por una república, sino por un pedazo de pan.

Se dan hoy y ahora en Barcelona escenas como que una hija tenga que contar a su madre que la han desahuciado de su piso por no poder pagar la hipoteca y que desde que la pusieron en la calle vive en un edificio ocupado por pseudo indigentes como ella. Hombres hechos y derechos, pero sin recursos, que una vez fueron peluqueros, soldados, artistas, pero que se ven obligados a sobrevivir revolviendo las basuras, como hace ella misma para llegar a final de mes. Colegas que matan el tiempo fumando hachís en pipas de agua y que, desocupados y desesperados, comienzan a dar vueltas a la posibilidad de atracar cajeros, tiendas, hacerse con lo ajeno...

Esta dramática situación, con escenas de tanta intensidad como las que acabo de resumir, aparece reflejada en Vienen mal dadas, la primera novela de Laura Gomara. Una nueva escritora con extraodinario talento, nacida en Barcelona y decidida, en su primera y sorprendente inmersión en la ficción literaria, a reflejar la realidad que le preocupa hasta los últimos detalles o consecuencias.

La original protagonista de Vienen mal dadas, Ruth Santana, es una mujer joven, de 28 años, a la que la vida se ha conjurado no sólo para no sonreírle en una casa de muñecas, sino para mostrarle su lado más oscuro. Ruth perderá el trabajo, la casa, pero saldrá adelante deslizándose entre las sombras de la moral y de esa Barcelona de tapiales y puertas que se abren a patadas, de cajeros reventados y contenedores caídos, de antihéroes y delincuentes que tienen también cosas buenas, sentimientos, un aire de solidaridad, estando en último término condenados a ser carne de cañón... porque vienen mal dadas.

Una reflexión pavorosa, pero real, de cómo es la vida en crisis de esos otros catalanes que no salen en televisión.

Diez mil días informando

Suplemento especial del 3 de junio de 2018 con motivo del número 10.000 de El Periódico de Aragón.

   
2 Comentarios
02

Por Don Minervo 12:18 - 22.11.2017

Cierto es. Yo el otro día estuve en Barcelona y el panorama era desolador. Gente tirándose desde los balcones, otros se arrojaban a las vías de los trenes, se agredían en cualquier calle unos a otros y los psicólogos no daban abasto porque la mitad se ellos se habían quitado la vida. Todo lo contrario de la felicidad desbordante que se puede sentir en cualquier otro punto de España, donde todo es más suave que la seda y sus gentes sonríen hasta cuando duerman. Otro artículo para enmarcar.

01

Por Raimon 11:34 - 22.11.2017

Hola Juan, si, ya se que no participo todos los dias en el foro, pero el caso es que a veces el Periodico no me permite entrar en el, poniendo toda clase de trabas, desean al parecer ademas de aportar gratuitamente mi participación a mi modo de ver de gran valor humano y literario, les pague, y mi problema como pensionista, es: que tengo voluntad pero poco dinero, entre otras cosas porque el Estado considera que los jubilados no somos susceptibles de declarar una DUI, o,...protestar con suficiente enfasis contra su politica de matarnos de hambre y necesidad.Salud periodista.