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LINEA 33

Carrera de obstáculos por la ciudad

 

04/04/2004

Los obreros que trabajan en la antigua cárcel de Torrero terminan su jornada matinal. Una del mediodía. El autobús de la línea 33 comienza su recorrido en la avenida América. Una vez más, con retraso. En concreto, de cinco minutos. El inicio del viaje coincide con la salida de los colegios. Pero no se ve demasiada gente cogiendo el bus, más grande de lo habitual --un articulado--. Quizás el buen tiempo anima a ir a pie.

"A esta hora el tráfico es terrible. Pero todo se complica mucho más si llueve. Hoy está bastante tranquilo, aunque seguro que perderemos bastante tiempo en el trayecto", explica el conductor con la seguridad que da la experiencia.

El chófer da en el blanco: la avenida América pierde uno de sus dos carriles debido a la gran cantidad de coches, furgonetas, monovolúmenes y especies varias que aparcan en doble fila. Consecuencia: todos en columna de a uno. No hay rastro de la Policía Local.

La escena se repite en el paseo Cuéllar. Varios camiones ocupan con total tranquilidad el carril destinado a taxi y bus. Y unos metros más adelante, al principio del paseo Sagasta, el autocar no puede acercarse a la parada porque dos vehículos la ocupan temporalmente. "Los obstáculos son constantes. Entiendo que hacen falta más zonas para aparcar, pero también más carriles para nosotros", analiza el chófer.

Para Pilar Aguilar, de 35 años, la solución de la línea pasaría por dos medidas "urgentes": mayor número de autobuses y más control policial sobre los coches que entorpecen el tráfico.

Aparentemente, el viaje es tranquilo. El conductor sortea la plaza España sin excesivas dificultades y se desvía por el Mercado Central debido a las obras de Conde Aranda. "En días de mucho tráfico ese cambio puede retrasar el trayecto hasta ocho minutos", dice el conductor.

Paseo de Echegaray y Caballero, avenida Madrid... De nuevo, numerosos coches y furgonetas ocupan uno de los carriles de la calzada. Y a pesar de que los embotellamientos no han sido de los que hacen época, el resultado final resulta sorprendente: 17 minutos de retraso sobre el plan inicial. "Y así sucesivamente", sentencia el chófer.