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Memoria Histórica.

Carrillo y ´Pasionaria´, denunciados por los fusilamientos de Paracuellos

Un zaragozano presentó el asunto en el Juzgado de Guardia el pasado 17 de octubre.El caso ha sido remitido al juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón.

 

Carrillo, en 1977, felicitando a Dolores Ibárruri el día de su 88 cumpleaños. - Foto:ARCHIVO / EL PERIÓDICO

J. M. PÉREZ BERNADJ. M. PÉREZ BERNAD 09/11/2008

Un vecino de Zaragoza presentó el pasado día 17 de octubre en el Juzgado de Guardia una denuncia contra Santiago Carrillo y la fallecida Dolores Ibarruri, Pasionaria, por sus posibles responsabilidades en los fusilamientos de Paracuellos de Jarama en noviembre de 1936. Emilio Pirla, titular del Juzgado de Instrucción número nueve de la capital aragonesa, que recibió la denuncia, remitió la misma al Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, que tiene la competencia en estas investigaciones.

Desde que el juez Baltasar Garzón asumió la competencia para investigar posibles crímenes contra la humanidad durante la Guerra Civil, apoyándose en la Ley de la Memoria Histórica, --la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo tiene congelada esta competencia--, desde diversos sectores opuestos a esta investigación ya se había amenazado con iniciativas de este tipo y ses espera que surgiera en cualquier momento.

La novedad en este caso es la pretensión de implicar a Pasionaria en las matanzas, ya que la dirigente comunista no tenía en aquellos momentos una responsabilidad de gobierno en la República. No así Carrillo, quien días antes de estos hechos había sido nombrado consejero de Orden Público en la Junta de Defensa de Madrid, que trataba de evitar que la capital cayera en poder de las tropas sublevadas.

Precisamente, el pasado viernes se cumplían 72 años del inicio de la matanza, que se desarrolló no solo en Paracuellos, sino también en Torrejón de Ardoz. Las víctimas, algo más de 2.000 según los últimos estudios, eran presos de la Modelo, gran parte de ellos militares que se habían sublevado en el cuartel de la Montaña o no se habían incorporado a filas cuando les llamó el Gobierno. También fueron fusilados algunos religiosos y civiles, como el comediógrafo Pedro Muñoz Seca.

En aquellos días se daba por seguro la caída de Madrid en poder de las tropas rebeldes y el frente llegó a situarse a 500 metros de la cárcel. La Junta de Defensa, con fundadas sospechas de que los presos se hubieran pasado al bando contrario, que podría dotar de oficialidad a medio cuerpo de ejército, decidió su traslado con una escolta muy reducida.

Arturo Pérez Reverte, en su libro La defensa de Madrid, cita documentos de la CNT en Amsterdam en los que también se atribuye responsabilidad a sectores de la CNY y del PSOE en la decisión del traslado.

Dice Carrillo en sus Memorias (Editorial Planeta, 1993) y en varias entrevistas, que conoció los hechos días después de que ocurrieran, cuando se lo comunicó el embajador de Finlandia, un nazi convencido y, aún entonces, no se sabía donde habían sucedido. El dirigente comunista, entonces con 18 años, confiesa que no se realizó una indagación.

Según el historiador aragonés José Luis Ledesma, que realiza su tesis sobre la represión en el campo republicano, Carrillo tuvo que tener conocimiento de lo que sucedió debido a su cargo, aunque no fue elemento directivo de las matanzas. "Para muchos historiadores no resultan convincentes sus evasivas, pero tampoco hay ninguna prueba documental que le atribuya una responsabilidad directa", añade.

Se intentó en los archivos de Moscú, cuando estuvieron abiertos en los años 90, hasta que Putin asumió el poder. No se encontró nada, aunque quedan enormes contingentes de documentación sin revisar.

Durante el anterior régimen se manipuló hasta la saciedad este suceso para denostar al bando perdedor y la glorificación de las víctimas fue de tal magnitud que muchas familias de derecha con víctimas en la guerra inscribieron sus nombres entre los muertos de Paracuellos para recibir prebendas. Esta circunstancia dificulta conocer la cifra real de represaliados.

En la actualidad, algunos escritores ultraderechistas utilizan Paracuellos para estigmatizar a la República y extienden este suceso a toda la zona que se mantuvo leal a la legalidad. Sin embargo, Ledesma coincide con la mayoría de los investigadores en que el de Paracuellos, con la organización y frialdad con que se realizaron las ejecuciones, "fue un hecho único en el campo republicano. No fue la norma".

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