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NO DOY CRÉDITO

La chistera de Ribera

Aragón confía en la vicepresidenta para salvar la crisis del carbón, que pasa por asumir la realidad. El cambio de mentalidad será determinante

 

Teresa Ribera. - JAIME GALINDO

Ricardo Barceló Ricardo Barceló
12/01/2020

El nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez echará a andar mañana con la celebración del primer Consejo de Ministros del Gobierno en coalición PSOE-Unidas Podemos. Ese será el punto de partida de una legislatura en la que la atomización del nuevo arco parlamentario puede poner en jaque algunos de los proyectos que se adivinan decisivos para España, pero también para Aragón.

Y en este contexto, el nombramiento de Teresa Ribera como vicepresidenta para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico es más que relevante para la comunidad. Esta madrileña, madre de tres hijos, licenciada en Derecho, funcionaria del Estado y que ha hecho de la lucha contra el cambio climático una de las banderas del nuevo Gobierno, estará en el punto de mira de Aragón. En realidad, siempre lo ha estado desde que llegó al cargo. La interinidad del Ejecutivo socialista ha limitado su acción, pero a partir de ahora ya no habrá excusas. Se esperan hechos concretos.

La descarbonización de la economía es, sin duda, uno de los ejes sobre los que pivotará la acción de Ribera en la nueva legislatura. Y no le temblará el pulso. Lo que advirtió en un principio se llevará a efecto. Esa es, precisamente, una de las virtudes de la nueva vicepresidenta, no engañar a nadie. Tiene las ideas claras, capacidad, predicamento en Europa y buscará el consenso con los sectores afectados por el cierre de la central térmica de Andorra. Ya lo ha hecho y tiene el compromiso de mantener su palabra.

Mirar por el retrovisor siempre es saludable en estos casos para poder calibrar la gestión de los anteriores titulares de la cartera de Industria, en la que se englobaba el sector energético. España es y fue puntera en energías renovables, pero la estrategia de los antecesores de Ribera permitieron albergar esperanzas en otras energías, como el carbón, a sabiendas de que era una apuesta perdedora y de que tenía los días contados. Ello permitió calmar a las compañías energéticas, evitó la contestación social de los mineros y contentó a las comarcas afectadas en las que podían caer un puñado de votos.

Quizá Ribera ha sido la ministra más criticada en Aragón en un plazo tan corto de tiempo por no seguir este guión, a pesar de la gestión de sus antecesores. José Manuel Soria (PP) se hizo con las riendas de la cartera de Industria y Energía en el 2011 tras relevar a Miguel Sebastián (PSOE). Soria, que dimitió por su implicación por los papeles de Panamá, es considerado por muchos el verdadero enterrador del sector del carbón, un sector con el que estuvo siempre en guerra y al que asfixió con drásticos recortes de las ayudas para la reconversión de las cuencas mineras. También reventó el negocio de las renovables e hizo caso omiso al problema de la pobreza energética. Eso, por no citar el fiasco del almacén de gas Castor. Y la factura de la luz, uno de los objetivos de los últimos Ejecutivos, siguió al alza.

También con Álvaro Nadal, que puso trabas el autoconsumo eléctrico y tuvo un sonado encontronazo con Iberdrola a cuenta del cierre de las centrales de carbón. Sobre los esfuerzos acometidos para paliar la crisis minera, mejor ni hablar.

Pero ahora la reconversión verde ha llegado para quedarse. Porque así es necesario ante el avance galopante de los efectos del cambio climático, por que no hay alternativa y porque decir lo contrario sería engañar. Y eso, al menos de momento, Ribera no lo ha hecho. No mintió a los trabajadores de las cuencas mineras ni de Asturias, ni de León, ni de Aragón. Y eso, en estos tiempos, es todo un logro. Tampoco esquivó al sector del automóvil, al que advirtió sobre el fin del diésel en el medio y largo plazo. Pues bien, desde hace unos días Europa obliga a reducir las emisiones por vehículo fabricado.

EL BENEFICIO DE LA DUDA

Hace ahora casi un año, la futura vicepresidenta fue recibida en Andorra bajo el grito Andorra no se vende, se defiende. Era comprensible, dado el abismo al que se enfrentaban los vecinos de la villa minera, que en el plazo de poco más de seis meses verán clausurada la principal fuente de riqueza de la comarca y de la provincia de Teruel.

A pesar de ello, un año más tarde los agentes sociales de la zona y algunos partidos parecen entender la realidad: no hay vuelta atrás y la hercúlea tarea que tienen por delante solo se puede acometer arrimando todos el hombro. Ribera tendrá un papel vital para medir el respaldo del Ejecutivo al futuro de las cuencas mineras. Hasta entonces, convendría ser prudentes, dejar hacer y juzgar los hechos.

No obstante, Aragón tendrá que estar al quite de lo que ocurra con las cuentas del Estado, pero también con los fondos que llegan de Europa, que serán cuantiosos, para acometer la transición energética. La distribución de esas ayudas, asunto en el que jugará un papel más determinante las vicepresidentas Nadia Calviño y Teresa Ribera, será energía en vena para comarcas como la de Andorra. Eso, y el trabajo que sean capaces de hacer las instituciones y los agentes sociales aragoneses. Porque aunque se espera mucho de la nueva vicepresidenta, su única chistera es afrontar la tozuda realidad.

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