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Cristina Narbona y Yayo Herrero debaten sobre el reto de un futuro ecofeminista

Herrero: "Dentro del sistema capitalista no hay vida posible". Narbona apela a políticas económicas no cortoplacistas

 

Herrero, Broto y Narbona, en Zaragoza - EL PERIÓDICO

EFE
08/11/2018

Los orígenes de las desigualdades de sexo, que podrían estar en el papel tradicional de la mujer como cuidadora y el ecofeminismo como modelo ideal y necesario en el futuro más próximo de nuestra sociedad han sido los ejes sobre los que ha pivotado la jornada de la tarde en el I Congreso de Feminismo

Este ha sido el enfoque del diálogo abierto entre Yayo Herrero, antropóloga, ingeniera, profesora y activista ecofeminista española, coordinadora de Crisis Social y Ecológica de CTXT, y Cristina Narbona, presidenta del PSOE, economista, especialista en transición ecológica y miembro de la Red Española de Desarrollo Sostenible.

 Herrero ha puesto de manifiesto que todos somos ecodependientes y que “el ecofeminismo plantea que no queremos morir por ninguna causa, sino que la causa es el mantenimiento de la propia vida”. En esta línea, ha reivindicado una mayor concienciación con la distribución de los recursos y también una reorganización de los roles tradicionales, dejando claro que las mujeres no somos las únicas que tenemos que sostener vida. Narbona, por su parte, ha valorado muy positivamente que la ecología tenga un fuerte protagonismo en estas Jornadas y ha subrayado la importancia del ecofeminismo como un movimiento sin ningún tipo de dominación de sexo, clase, raza ni especie. La educación, según Narbona, tiene un papel clave para que nos podamos acercar a este escenario.

 ¿Hacia una economía feminista?

 ‘¿Hacia una economía feminista?’ ha centrado el título y el debate de la mesa en la que han participado Carmen Castro, economista feminista, activista de la PPiiNA y autora de Políticas para la igualdad: Permisos por nacimiento y transformación de roles de género; Alba del Campo, activista por el derecho a la energía y Coordinadora de la Mesa de Transición Energética de Cádiz; Rocío Echeverría Valverde, de Sindihogar, colectivo de trabajadoras del hogar y cuidados con sede en Barcelona; Carolina García, colectivo trabajadoras/es del hogar y los cuidados de Zaragoza; Rosa Martínez, política ecologista y ecofeminista española. Es miembro de Equo Berdeak y diputada por Bizkaia de Unidos Podemos y Katerina Sergidou, activista griega. Investigadora de cultura y de antropología feminista.

 Además del ecofeminismo, sobre lo que también se ha pronunciado Rosa López en la misma línea que Herrero, y de la necesidad de una transición energética en la que las mujeres jueguen un papel importante, el otro tema más tratado ha sido el papel tradicional de la mujer como cuidadora. Aunque todas las voces han hecho mención de una manera u otra a este asunto, Katerina Sergidou (que se ha centrado en el caso de Grecia), Rocío Echevarría, Carolina García y Carmen Castro, son quienes han entrado de lleno en este tema. Sus principales reivindicaciones se han organizado en torno a la idea de que las cuidadoras no están debidamente protegidas en materia de legislación y conciliación, ni valoradas por sus capacidades. Y en mayor desigualdad se encuentran aquellas que son migrantes y cuidadoras, más carentes de derechos si cabe y más necesitadas de protección política y social.

 Además, han mencionado en esta mesa, es importante que se normalice el hecho de que las mujeres son mucho más que cuidadoras y que pueden formar parte de cualquier sector profesional, hacerse cargo de multitud de tareas, mucho más allá de los cuidados familiares.

 El sector energético, según Alba del Campo, es uno de los ámbitos en los que la presencia de la mujer se hace indispensable para lograr una transición energética feminista. Porque la energía es poder y, “sin la mitad de la población, no habrá transición que valga”, ha comentado.

 Un buen ejemplo de lo comentado en esta mesa lo ha recogido Carmen Castro García, asegurando que debemos “imaginar que otra realidad es posible y desde ahí, repensar cómo reorganizamos el reparto de los tiempos de vida, de los trabajos y de las condiciones y recursos materiales, promoviendo activamente un cambio en las prioridades asignadas a los trabajos y también un cambio en los patrones de género”.

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