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Remodelación en la DGA

El Ejecutivo afronta su tercera gran crisis en apenas tres años

La salida de Bandrés sucede a la de De Salas en Servicios Sociales y Verde en Ciencia. El nuevo cambio pondr

 

R. L. M.R. L. M. 11/06/2006

La sustitución de Eduardo Bandrés por Alberto Larraz al frente de la Consejería de Economía será la tercera gran crisis de Gobierno que afronte el PSOE-PAR en esta legislatura. La marcha de Bandrés sucede a las de Ana de Salas en Servicios Sociales y Maite Verde en Ciencia y Tecnología, con la diferencia de que la salida del primero es voluntaria. El Ejecutivo debe ajustarse sin estridencias, pues hay elecciones en once meses.

Bandrés ha cambiado las tareas de Gobierno por la gestión de un club deportivo, el Real Zaragoza. Su cese, a petición propia, ha implicado una remodelación de la parte socialista del Ejecutivo que ha vuelto a mover de sitio a Alberto Larraz. Este comenzó la legislatura (a mediados del 2003) como consejero de Salud; después pasó a Ciencia, Tecnología y Universidad y ahora, a Economía.

El PSOE ha buscado dentro de casa al sustituto de Bandrés, convencido de que el escaso tiempo de mandato que resta no hacía propicio otro fichaje. Además, los socialistas han rescatado a Ángela Abós, de la vieja guardia del PSOE y que estaba, como en un dulce retiro, al frente del Consejo Social de la Universidad.

La primera crisis del actual Gobierno también llegó del socio socialista. En mayo del 2004, el presidente, Marcelino Iglesias, cesó a Maite Verde como consejera de Ciencia. Oficialmente se indicó que el deseo de potenciar el Zaragoza Logistic Center de Pla-Za, a cuyo frente se iba a situar Verde, era la causa. Pero desde diversos sectores se apuntó que había un fuerte descontento con su gestión. Su salida de Ciencia fue cubierta por Larraz, que dejó Salud. La hasta entonces gerente del hospital Miguel Servet de Zaragoza, María Luisa Noeno, se ocupó de la Sanidad.

La segunda crisis de Gobierno de notables dimensiones tuvo lugar este mismo año, esta vez de la mano del PAR. En enero, dejó la Consejería de Servicios Sociales Ana de Salas, argumentando que su inminente maternidad dificultaba su gestión. Pero el relevo se vio como una operación de los paristas de cara a las elecciones del 2007, pues el sustituto de De Salas fue Miguel Ferrer, hasta entonces presidente de la Diputación de Teruel y rival orgánico del presidente del PAR, José Ángel Biel.

Al perder la diputación, cuya presidencia pasó al PSOE, el PAR ganó el Instituto Aragonés de Servicios Sociales (IASS), que mueve la mayor parte del presupuesto en esta materia. A su frente, Ferrer colocó a Javier Callau, lo que desplazó al socialista Miguel Ariño hacia Economía.

El nuevo consejero también cesó (en marzo) a Trinidad Aulló al frente del Instituto Aragonés de la Mujer (IAM) para situar en él a la psicóloga Eva Martínez. Fue un duro golpe para Aulló, que había sido apartada tiempo atrás de un área de dirección en el Instituto Aragonés del Agua y que llegó al IAM para ocupar el hueco que dejó Elena Allué al pasar al Ayuntamiento de Zaragoza (tras la marcha de Fernando Arcega al CAI).

Al mismo tiempo, Biel aprovechó para enviar a Javier Callizo a Industria, como viceconsejero, el rango que tenía en Presidencia y Relaciones Institucionales. El hasta entonces responsable de Turismo, Benito Ros, recibió la encomienda de preparar el partido en Teruel para las elecciones.

MÁS VARIACIONES El área de Obras Públicas del Ejecutivo, socialista, también sufrió una profunda remodelación el pasado año, si bien la continuidad del consejero, Javier Velasco, restó dimensión a esta medida. El número dos, que había sido José Luis Abad, pasó a dirigir la sociedad Zaragoza Alta Velocidad y su puesto lo cubrió Jesús Sánchez Farracés, director general de Transportes. Su cargó lo cubrió el turolense Simón Casas. La Dirección General de Urbanismo también vivió un relevo cuando Velasco cambió a Carlos Guía por Julio Tejedor.

La DGA no quiere mover los equipos de Economía y de Ciencia para que los nuevos consejeros se encuentren el trabajo rodado y para evitar grandes problemas a un año de las elecciones. El deseo de hacer el menor ruido posible y de dar sensación de estabilidad pese a los cambios están en la raíz de la decisión.

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