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«El Santo Entierro debe dejar de ser un desfile de cofradías»

 

Giménez Baratech ante la iglesia de San Cayetano. - ÁNGEL DE CASTRO

L. M. GABÁS
14/04/2017

–Este año es muy significativo para la Semana Santa de Zaragoza. Se cumple nada menos que el 400 aniversario de la procesión de procesiones, el Santo Entierro. ¿Cómo lo está viviendo su principal organizadora, la Sangre de Cristo?

–Ciertamente el 2017 está siendo un año muy especial y lo va a seguir siendo, si bien no queremos perder la cabeza porque lo que en realidad conmemoramos es algo como la muerte de Cristo. No va a ser un santo entierro más diferente, aunque sí hemos añadido que no se rindan honores a la llegada de las cofradías a San Cayetano y hemos modificado el recorrido, de forma parcial. Nos hubiera gustado ir por la calle Alfonso, pero no ha sido posible.

–¿Cómo se organiza una procesión de esas características?

–No es fácil pero la experiencia de estos 400 años nos ayuda bastante, también es importante la comunicación con la Junta Coordinadora de Cofradías y con las hermandades en particular.

–En el mundo cofrade más ortodoxo se habla de que el Santo Entierro ha perdido la esencia del pasado. ¿Cree que es verdad?

–Del Santo Entierro inicial al actual han cambiado muchas cosas, es verdad. Por ejemplo, el número de cofradías y sigue aumentando, este año 25, nada menos. Creo que el Santo Entierro debería dejar de ser un desfile de cofradías.

–¿Eso significa que se esperan cambios?

–La Hermandad de la Sangre de Cristo aún no ha decidido nada al respecto, habrá que consensuar con las propias cofradías, pero sí que se habla de reducir el tamaño con la salida de solo las titulares, es decir, que se represente la Pasión.

–¿Esto dejaría sin salir a las diferentes advocaciones marianas de las diferentes cofradías?

–El debate que está ahí va en parte por ese lado, solo habría dos de ellas, que es la Virgen de los Dolores y La Piedad, pero no olvidemos que Zaragoza es ciudad mariana.

–¿Una cuestión que puede ser complicada no? 

–Lo es y por eso siempre es necesario el debate, los acuerdos y el consenso. No vamos a imponer nada, pero sí que hay que pensar que el Santo Entierro es, en definitiva, la representación de la Pasión y es cuando todas las cofradías acompañan al paso más importante ese día: el Santísimo Cristo de la Cama. En las salidas de los días previos y posteriores al Viernes Santo las protagonistas son las hermandades que vienen con nosotros.

–Este año se echará de menos el Paso del Triunfo de la Vida sobre la Muerte... Vaya reestreno el del año pasado. 

–Es cierto, pero lo positivo es que hemos recuperado ese paso. Ya pensaremos cómo y dónde exponerlo para que pueda contemplarse.

–Tampoco saldrá la Santa Cena de la Eucaristía, ellos mismos han reconocido que no cabe por esa puerta. ¿Cuál va a ser la solución?

–El nuevo apostolado es una maravilla, pero en el Santo Entierro, como adelantaron ustedes, saldrá el cenáculo y será portado por la Eucaristía.

–¿Ve factible el cambio de sede y que el Santo Entierro no salga de San Cayetano?

–Tiene que salir de San Cayetano porque así lo marca la tradición, no imagino un Santo Entierro que no salga de ahí.

–¿Sufren algún tipo de piedra en el camino institucional?

–No, la comunicación institucional es importante y sigue estando ahí. No importan los colores de los partidos que gobiernan, hay y ha habido siempre mucha predisposición.

–Muchas cosas han cambiado desde esa primera acta notarial de 1617, de Francisco Molé. ¿Cada año es un reto?

–Por supuesto y, por ello, hay que pensar mucho las cosas que estamos haciendo. El Santo Entierro no es solo abrir las puertas de San Cayetano y que salgan los pasos y los cofrades, hay muchos elementos que deben de coordinarse tanto en la procesión y en la ciudad.

–Veo cierta añoranza...

–No, en la hermandad que yo represento somos muy optimistas. Algo que valoramos mucho es la alta participación y siempre va en aumento.

–¿Se cumplen 400 años, ¿cree que tiene una larga vida?

–No me cabe la menor duda. Hay una raíz popular muy profunda, es como si a Zaragoza le quitas las fiestas del Pilar. Cuando llega la Semana Santa en el recuerdo está el Santo Entierro que se vivió de niño y eso se quiere trasladar a las nuevas generaciones.

–¿Algo complicado en estos tiempos donde se intenta que lo religioso esté en el plano más íntimo. ¿Cuál cree que es ese aliciente? ¿Los tambores?

–Aquí voy a dar mi opinión personal, si me permite. El tambor y el bombo es un aliciente para la gente joven, pero luego acaban formando parte de un grupo que se transforma en una familia. Lo que sí es muy necesario es enfatizar en la labor social que tienen las cofradías y que los miembros de las mismas participen en atender los proyectos que amadrinan.

– ¿Se valora lo suficiente el peso turístico de la Semana Santa? 

–No. Hay mucha gente que no la conoce y creo que las administraciones públicas deberían de hacer algo por ello. Hay dos competidoras muy fuertes como Sevilla y Castilla y León, pero deberíamos hacer fuerza.