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REPORTAJE.

Enseñar a mirar

El 15% de los niños que tiene problemas con la vista acaba en fracaso escolar, por ello es bueno detectar estos problemas.

 

M. VALLÉSM. VALLÉS 09/03/2009

Cualquier niño puede presentar dificultades de lectura, escritura o cálculo. Esta es la premisa. Hasta no hace mucho se vinculaban los suspensos y la mala conducta en los colegios con los niños vagos, tontos o simplemente rebeldes. El resultado era el fracaso escolar. Ahora se sabe que no es así.

Hay niños que cuentan con capacidades suficientes para aprobar todas las asignaturas. Pero problemas de eficacia o de procesamiento visual, que a menudo pasan desapercibidos para los padres, pueden acarrear dificultades en el proceso de aprendizaje. Víctor Olloqui, óptico optometrista y psicólogo, advierte que una detección temprana es garantía para superar las dificultades de aprendizaje asociadas. "Son dolencias que se pueden corregir con un trabajo adecuado. Se trata, en algunos casos, de alumnos que a la hora de leer, solo ven una o dos letras en cada fijación visual. Esto se traduce en una lectura a saltos. El chaval tiene que emplear muchísimos recursos en leer y le quedan pocos para comprender esa lectura. Su esfuerzo es mayor y los resultados no tanto", explica.

Son niños que no necesariamente necesitan gafas, sino que sus ojos tienen procesos de funcionamiento que no son correctos. Puede darse, por ejemplo, que los músculos oculares no permitan converger adecuadamente a la hora de leer. Eso se puede traducir en una visión doble de las letras y síntomas de cansancio. "Los propios chicos llegan a pensar que son diferentes porque, a pesar de su esfuerzo, no logran los mismos resultados que sus compañeros. Y se traduce en muchas ocasiones en baja autoestima y malos comportamientos".

Este tipo de problemas se empieza a detectar sobre los cinco años, aunque el tratamiento suele iniciarse más tarde, cuando el profesorado descarta un problema madurativo e inicia cursos con mayor exigencia académica. Afecta entre el 10% y el 15% de los estudiantes, dándose más en varones, como sucede también en el fracaso escolar.

"Lo primero es que los profesores detecten el problema. Luego se debe hablar con los padres y acudir a un experto para que lo analice. Nosotros medimos y evaluamos las habilidades consideradas requisitos para la adquisición de la lecto-escritura. En este punto se pueden plantear soluciones", cuenta el psicólogo. Los resultados no tardan en llegar. Los alumnos al trabajar las habilidades comprometidas mejoran en su rendimiento escolar. En definitiva, vuelven a ser protagonistas de su aprendizaje.