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SECTOR PRIMARIO

Los graves problemas del porcino

Los infectados por el coronavirus en los dos mataderos de Binéfar dejan una grave incertidumbre, no solo por las personas afectadas, sino por el futuro de un sector que ha tenido un crecimiento exponencial en los diez últimos años y en donde más del 60% de sus productos cárnicos se exportan a países asiáticos

 

Los purines que se generan en las granjas de cerdos se aprovechan para enriquecer el suelo agrícola con nitrógeno. - ANGEL DE CASTRO

Mariano Mérida *
09/05/2020

Los hechos han demostrado que el mercado libre es el único sector que no ha entrado en confinamiento y mas todavía, cuando su gestión se pone en manos de Piero Pini, encarcelado por fraude fiscal en Polonia y en Hungría. Pero con ser muy grave, no es el único problema que acecha al sector y ni siquiera el más importante a medio plazo. Nos referimos a la gestión de los purines y las consecuencias que tiene para el medio ambiente y la salud de las personas.

En RAPA (Red de Agua Pública de Aragón) llevamos trabajando los últimos meses en lo que hemos llamado las cuentas del porcino. A nivel planetario hay una preocupación con el agotamiento de los suelos agrícolas que necesitan reponerse con nutrientes, especialmente con nitrógeno, fósforo y potasio. Nos vamos a referir al primero de ellos.

El nitrógeno se puede encontrar en los estercoles de la ganadería y en concreto en los purines del cerdo. Solamente hay que cuidar que no se eche en exceso al cultivo y además se aplique en el momento óptimo de su aprovechamiento, por lo que solo se puede administrar en un breve periodo de tiempo anual.

En consecuencia, el campo agrícola no puede estar muy lejos de la granja porcina, más de quince kilómetros no resulta rentable, y además el purín hay que almacenarlo durante buena parte del año y someterlo a diferentes técnicas de procesamiento que encarecen su producción al mismo tiempo que puede contaminar el aire.

De no aplicarse correctamente, se contaminan las aguas subterráneas e incluso los ríos, con lo que puede afectar gravemente a la salud de las personas, con mayor incidencia en la población más vulnerable.

La CHE, Confederación Hidrográfica del Ebro, que en estos momentos tiene en revisión el Plan de Cuenca para el periodo de 2021 a 2027, tiene valorados con exceso de nitratos un 23% de las masas de agua subterránea. El 20% de los aragoneses está expuesto a aguas contaminadas y hay declaradas 17 zonas vulnerables con exceso de nitratos que agrupan a 130 municipios. Y señalan las mismas fuentes que dos de cada tres granjas, contaminan los acuíferos.

Hacer un buen diagnóstico de esta compleja situación implica disponer de datos fidedignos para prever qué puede ocurrir en el futuro y en ese sentido las comunidades autónomas deben ser más diligentes en la facilitación de las cifras debidamente actualizadas.
Sobrenitrificación

Otro aspecto a tener en cuenta es la nitrificación de los terrenos. Con los datos que maneja la RAPA se puede concluir que solo en Aragón, cada año, sobran 148.000 toneladas de nitrógeno, y siempre bajo el supuesto de que se abonen los campos en el momento adecuado. Si unimos este exceso de nitrificación a otras comunidades autónomas de la Cuenca del Ebro, especialmente de Cataluña, pero también de Navarra y Rioja, el problema puede volverse insostenible y amenaza con poner en riesgo las actividades agrícolas y ganaderas en un futuro inmediato.

El problema de nitrificación del Mar Menor está creado por un exceso de 5.000 toneladas al año. Imaginemos 148.000 toneladas repartidos por ciertas zonas de Aragón.

Como indica Jose Manuel Marraco, abogado de Greenpeace, «los beneficios, para los grandes industriales del cerdo, que son los dueños de los grandes mataderos, mientras que la contaminación se queda en casa».

La CHE tiene que conocer, municipio por municipio, las necesidades de abonos de los cultivos de la zona, y cuántos estercoles se producen, para de esta manera llegar a unas cifras globales. De lo contrario es imposible planificar el Plan de Cuenca y las medidas que se arbitren serán erróneas.

La CHE se justifica a si misma y en la página 117 de la Memoria del Plan señala «que la raíz del problema está en las necesidades de la alimentación de la población», cuando debieran saber, que en el planeta, se produce más del 60% de lo que la humanidad necesita para alimentarse y que los 1.000 millones de personas que pasan hambre, un 70% de sus alimentos, lo producen ellas mismas (fuentes de la FAO).

Y añade en esa misma página: «La disminución en la aplicación de fertilizantes y plaguicidas tendrían unos efectos en la productividad con la consiguiente merma de beneficios de las actividades productivas». Con estos razonamientos, estamos abocados a la problemática del Mar Menor.
En todo este proceso, el Inaga no ha cumplido con su papel de control y todos los grupos representados en las Cortes deberían poner soluciones a este grave problema.

¿Y los ciudadanos?

Podemos hacer mucho más, apoyando a la agricultura familiar, en situación agónica, comprando alimentos de cercanía y de temporada y consumiendo menos carne y de mayor calidad como la que nos aporta la ganadería extensiva. También hay muchas granjas familiares de ganadería porcina que son un buen ejemplo.

Las soluciones posibles se basarían en los siguientes puntos:

1 Que se aplique una moratoria en la construcción de nuevas granjas, tal como venimos exigiendo desde hace cinco años y en especial desde el colectivo Loporzano sin ganadería industrial.

2 Que en cada territorio, municipio o comarca en un plazo de 10 años, los estercoles producidos sean los necesarios para cubrir las necesidades de los cultivos. Se cumpla la economía circular.

3 Tal como sugieren compañeros de la Fundación Nueva Cultura del Agua se internalicen las cargas ambientales. De las 4,5 millones de toneladas de carne de porcino que se producen anualmente en España, se pague un impuesto de 5 céntimos de euro a cada kilo de carne. Lo pagarían los integradores, dueños de los piensos y mataderos, que son los que obtienen los grandes beneficios. Obtendríamos 225 millones de euros anualmente, que se inverterían en los centros de gestión, en buenas prácticas ganaderas y en un mayor control de la administración.

4 Se dignifiquen las condiciones laborales de las personas que trabajan en los mataderos que en su mayor parte son emigrantes africanos, así como se atiendan unas necesidades básicas de vivienda, educación y salud para sus familias. Y tal como señala el presidente de Asafre: «El río Ebro tiene un gran problema y es que está gravemente enfermo». Nosotros coincidimos, aunque sea por diferentes motivos. ¿Colaboramos todos en buscar soluciones? 

*Miembro de ANSAR

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