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El futuro de la principal entidad aragonesa

Ibercaja resiste a la crisis y al baile de fusiones en la banca

Los bajos tipos de interés y una morosidad al alza amenazan su futuro en solitario / Su baja exposición al riesgo, los ajustes hechos y su fuerte grupo financiero, sus bazas

 

Víctor Iglesias (a la derecha), junto a la cúpula de Ibercaja, encabezada por Aguirre y Amado Franco, en diciembre. - CHUS MARCHADOR

Ricardo Barceló Ricardo Barceló
11/10/2020

Ibercaja resiste. El banco aragonés es uno de los pocos supervivientes del terremoto que ha asolado el sistema financiero español durante la última década. La resiliencia (capacidad para superar circunstancias adversas) se ha convertido en el mejor aliado de una entidad que ahora afronta un horizonte lleno de nubarrones, agravado por la crisis del covid-19, que ha acelerado el baile de fusiones entre entidades en las últimas semanas.

Caixabank cortejó y conquistó recientemente a Bankia y ahora Unicaja hace lo propio con Liberbank. Estas dos operaciones demuestran que la supervivencia es cada día más difícil en un sector en continua metamorfosis.

Pero Ibercaja se resigna a seguir el mismo camino, aunque no lo va a tener fácil para navegar en solitario porque el escenario covid invita a buscar cobijo. Los tipos de interés se mantienen en negativo y no tienen visos de levantar el vuelo en los próximos años, lo que reduce la rentabilidad de los bancos. Mientras, la pandemia anticipa un aumento de la morosidad en empresas y autónomos --el PIB nacional caerá el 11% este año-- que golpeará los balances de las entidades tarde o temprano. Por si fuera poco, la digitalización es imparable y obligará a reducir aún más oficinas y personal, también en Ibercaja, que tiene aparcado un ere --se aplazó por el coronavirus-- para 550 empleados cuya negociación es cuestión de tiempo.

Hoy muchos se preguntan si Ibercaja logrará superar este nuevo escollo. Los expertos consultados por este diario, que prefieren mantener el anonimato, creen que lo tiene muy complicado, aunque la entidad aragonesa, que prefiere mantener silencio, cuenta con algunas bazas a su  favor. La incógnita es saber si serán suficientes.

ESTRATEGIA O NECESIDAD

Las fusiones de las últimas semanas reflejan que hay entidades que ansían alianzas estratégicas y otras que necesitan un salvavidas. La baja rentabilidad y las nefastas perspectivas no ofrecen más alternativa para quien viene ya lastrado de la anterior crisis económica. Pero ese no parece ser el caso del banco aragonés.

«No está previsto que Ibercaja vaya a ser objeto de una fusión, al menos en el plazo de seis meses a un año. Incluso podría aguantar hasta su salida a bolsa», algo a lo que está obligada a partir del 31 de diciembre del 2022 tras la prórroga de dos años concedida por el regulador, asegura un experto del sector financiero. Pese a ello, existen dudas sobre el futuro de la entidad, aunque se da por sentado que tendrá que reducir costes y hacer las cosas muy bien para mantener la soltería.

La pérdida de esa autonomía «sería mal negocio para Aragón», ya que la entidad «tiene sensibilidad con el territorio, está inmersa en algún proyecto estratégico regional y está en sintonía con las empresas locales», señala otra de las fuentes consultadas y gran conocedor de la entidad presidida por José Luis Aguirre.

«El tamaño no garantiza resolver problemas, pero ayuda», apunta otro de los expertos que apela al ejemplo de una entidad relativamente pequeña como Bankinter (86.000 millones en activos frente a los 55.600 de Ibercaja y los 587.100 millones de la unión de Bankia o Caixabank) que es ya un referente para el sector por su buen hacer. El objetivo de Ibercaja es seguir ese ejemplo.

LAS GRANDES BAZAS

Además, el escenario no invita a pensar en fusiones entre iguales porque apenas quedan parejas de baile. Abanca, Kutxabank e Ibercaja están en boca de todos, pero las tres tienen las suficientes fortalezas como para renunciar a su autonomía. Demasiados gallos en el mismo corral. Además, ninguno podría engullir al Sabadell, una presa más que probable, ya que está contra las cuerdas por su desplome en bolsa y su exposición a sectores como el turístico, muy castigados por el covid. La alternativa, por tanto, es seguir en solitario si la tormenta no va a más, claro.

El potente brazo financiero de Ibercaja, con los fondos de inversión como gran activo, es un buen colchón para mantenerse a flote. El saldo de fondos de inversión ronda los 14.000 millones y el ahorro de quienes no se ven tan castigados por la crisis puede elevar las cifras en los próximos meses.

Otra de las fortalezas de Ibercaja es que figura está entre los tres bancos con menos exposición a sectores castigados como el turístico. Asimismo, el banco aragonés ha realizado un profundo ajuste de personal y oficinas en los últimos ocho años, que ha recortado su plantilla en más de 2.000 empleados, lo que han reducido sus costes y la estructura de oficinas de la entidad. Y también ha soltado lastre al desprenderse de un alto volumen de activos tóxicos.

Con todos estos mimbres afronta el banco aragonés su futuro. Y con la vista puesta en su salida a bolsa en el 2022, un salto que permitirá la entrada en el capital de nuevos accionistas. La sensación entre los expertos es que la entidad tiene músculo pero todo tiene un límite y el escenario es más que volátil. El problema es que hay demasiados factores exógenos al día a día del banco. Solo el tiempo dictará sentencia.